Estamos ante un libro de un autor humanista que trata de aproximarnos muchas de las interrogantes que presenta ese gran libro de la vida que tenemos a nuestro lado y cuyas respuestas “En el viento tampoco” podemos encontrarlas. A pesar de las circunstancias que siempre hemos vivido a lo largo de nuestra historia y de la negación o indiferencia por parte de los hombres, Mena Cantero defiende unos valores trascendentes, inmutables, arropado siempre por una esperanza que nos va llevando por los surcos del tiempo. Y es que hay respuestas que no podemos hallar ni en la vorágine de nuestros días- nuestra intrahistoria- ni en todo cuanto nos rodea como puede ser el progreso, la libertad o cualquier canto de sirena. Libros de poesía como el que ahora comentamos son muy poco frecuentes en estos inicios del siglo veintiuno, porque vivimos unos tiempos en los que sólo priva la materia y admitimos únicamente aquello que nuestra racionalidad nos permite conocer. Por esta razón, libros como este resultan poco menos que “rara avis”.

Sin embargo, resulta confortable meditar el silencio y comprobar que es posible trascender la realidad cotidiana cuando leemos versos como estos: “Te encontré esta mañana/como quien oye un viento inclinado al amor. /Yo no sabía entonces/ que la felicidad a veces/ es como un río en la llanura(…) /como inunda la música el vacío que me dejas/ si te ausentas.” Queda claro que la felicidad no nos viene dada desde fuera, sino que la hemos de buscar desde nuestro interior. De todos modos, el autor sabe que no podemos aprehender esa felicidad total, porque “A veces busca la palabra un sitio/ cerca del corazón, mas nada cambia”

Hay mucha lucha, mucha insistencia por aproximarse a la luz desde esta indiferencia tan presente en la sociedad actual en la que discurre este cotidiano vivir. El poema que da título al libro es bastante esclarecedor y en él se explica esa manera de ver el mundo con imágenes tan poéticas como cuando dice que la espuma no explica la hondura de la mar, pero la acompaña en su existir.

Se da una constante búsqueda del Absoluto, una necesidad continua de encontrarlo, en esa “hoguera” diaria. Pero lo difícil, lo que da sentido a toda la ríqueza poética del libro es el ferviente anhelo del hallazgo de “tu voz”, en una
fervorosa ascensión a través del silencio o de la naturaleza prístina y sagrada para sentir la experiencia en la tierra de “las playas del cielo”. Pero enseguida el poeta se da cuenta de su propia esencia limitada y humana. Esta actitud tiene mucho que ver con la mística y a la vez es una íntima queja por esa especia de “desbandada”divina. Todo se resuelve en esa ascensión hacia el Absoluto por una escalera invisible: “En la escalada/ penúltima hacia ti/ tan sólo escucho/ una brisa remota, una cascada/ de pájaros bajando/ al júbilo de verte tan cercano/ como el aire o la nube/ en el primer amanecer”.

En el viento tampoco es un hermoso libro presidido por esa desasosegada espera por penertar en los umbrales de la divinidad, sin que se produzca nunca una situación desesperada, porque siempre queda la esperanza, ese algo especial del que nos habla en la coda que cierra el libro: …”Nunca se pierde todo/. Siempre hay un don que nos llega/ como regalo fiel desde la altura…”

En el aspecto formal, los versos blancos de diferentes medidas surgen con el ritmo y la fluidez características en el poeta manchego que también nos regala aquí seis bellos sonetos, fruto todo ello del constante latido poético por erncontrar las teclas de una realidad superior, que no es otra cosa que Dios mismo.

Luis García Pérez