Recordatorio para Manuel Rivera Lozano
Luis García Pérez

Amigo Manolo: Hace apenas dos meses que partiste y, sin duda, las páginas de La Opinión habrán echado en falta tus artículos dominicales sobre Fermoselle, villa de la que eras su cronista oficial e hijo predilecto. Nos vimos por última vez aquel 21 de febrero de este mismo año, con motivo de mi recital en el Club de la Opinión en Caja Duero, y nunca me imaginé que nos veríamos por última vez. Muchas son las vivencias que hemos compartido, no sólo en nuestros tiempos de estudiantes, sino también en nuestra vida posterior como docentes. Y es que a pesar de las distancias, tú y otros compañeros residentes en Zamora nos hacíais llegar la invitación para reunirnos a comer el Sábado de Gloria y charlar amigablemente compartiendo mesa y mantel. Especiales fueron las bodas de plata de la promoción de 1960, a la que asistieron algunos de los que habían sido nuestros profesores. También fueron especiales las de Oro del 2010, aunque el número de comensales fuera mucho menor, porque algunos compañeros ya habían fallecido y otros no pudieron asistir por diversas circunstancias.

Fuiste siempre un gran amigo y una gran persona. Eras paradigma del orden y del saber hacer en cada momento, siempre fiel a la amistad y a la lealtad. Cuántas anécdotas me vienen ahora a la memoria, y no me resisto a reseñar alguna de ellas. Como nuestra economía era tan precaria en aquellos tiempos, íbamos a celebrar algunas fiestas como el Cristo de Morales o la Hiniesta, provistos de nuestras fiambreras con la clásica tortilla y algunas pesetillas para comprarnos una fanta o cocacola, porque el presupuesto no daba para más. Vivías en la calle Carniceros en casa de la tía Julia que era una mujer muy amable y atenta. Yo tenía la patrona en la Costanilla de Alfonso XII y para ir a la Normal nos encontrábamos todas las mañanas en la Plaza Mayor. En una ocasión, haciendo caligrafía, vertí un tintero en mi flamante gabardina, y como no tenía otra, tú me prestaste una vieja tuya, mientras yo la tenía en la tintorería. Por cierto, eran los primeros días de diciembre y había una cencellada parecida a la que acaba de padecer nuestra querida Zamora. Repaso el album de fotos y veo una que me llama mucho la atención, porque estamos los dos con otro amigo a primeros de junio en el Duero con un bañador de los que entonces se llevaban y unas caras que parecen estar diciendo: “ Carajo, qué fría está el agua de Duero a principios de junio”.

Tú y Ruiz Chillón os repartíais casi siempre el cargo de Delegado y erais los encargados de pasar lista y de hacer de portavoces de los compañeros ante los profesores. Nunca olvidaré cómo para aprobar la asignatura de Trabajos Manuales, tuvimos que ir los dos una noche a visitar a la profesora con unos poliedros de cartulina que, por cierto, habías hecho tú. Y es que yo era un auténtico manazas y un desordenado que me pasaba tardes enteras jugando a la pelota en un frontón que estaba próximo al Teatro Principal, hoy Biblioteca.

Siempre fuiste mi mejor amigo y confidente. Has sido un buen hijo, un marido ejemplar y un padre extraordinario, así como un entusiasta abuelo. Te has ido acompañado del irreparable dolor de los tuyos y del sentimiento amargo de los que fuimos tus amigos y compañeros. Y qué decir como docente: dejas una formidable estela en el fruto de los que fueron tus alumnos, tanto allí donde ejerciste como maestro , como en tus tareas de director, cargo que no siempre es fácil de desempeñar.

Como decía Luis Rosales, “empezamos a morir cuando nacemos”, aunque a lo largo de la vida no nos demos cuenta de esta trascendente realidad. Seguro que en esta ya próxima Navidad habrá en tu casa un vacío y un dolor por tu ausencia que nada ni nadie puede reparar. Pero cabe el consuelo para los creyentes- y tú siempre fuiste creyente y practicante- de que si existe el cielo, tú, amigo Manolo, habrás entrado en él con todos los honores y por la puerta grande. Allí donde te encuentres, tal vez puedas leer el soneto que siempre te enviaba por Navidad a tu domicilio de la calle Amargura y que ahora en tu ausencia también deseo enviarte.

FELIZ NAVIDAD 2013-2014

El cielo en plena noche estremecida
derrama su esplendor y su ternura,
y la Rosa más prístina y más pura
perfuma los jardines de la vida.

Qué dichosa noticia florecida
plena de resplandores y hermosura,
pues un Niño de mística blancura
nos alumbra la nueva amanecida.

Nacimiento de Dios en la pobreza
es destino, fervor, humilde anhelo
que nos llena de amor y sutileza,

como alegre jardín en ancho vuelo,
cima de la verdad y la pureza
para darnos su paz en este suelo.

L.G. P.