Seudónimo:
Noam Chomsky
“No fue primero el verbo,
primero fue el silencio”
S. Domínguez.
Las mejillas del alba me han mostrado
el llanto de la Tierra compungida
y un dolor sideral de lado a lado.
El planeta respira por su herida,
y voy a resumir cuanto he escuchado:
es urgente encontrar una salida.
Estas fueron sus palabras:
* * *
“Primero fue mi noche más oscura,
un silencio profundo, impenetrable,
sin vida ni alegría, sin ternura.
El Creador, con gesto inimitable,
iluminó mi rostro redivivo,
me dio la clave pura y entrañable
para preñar mi vientre más activo
e iluminar mi cuerpo, más frondoso,
con un beso de amor definitivo
que presagiaba un tiempo prodigioso,
con el sol derramado por mi estancia
y mi cuerpo, ya núbil y brioso.
Vislumbraban mis ojos abundancia
por las sendas de tierra convertida
en vergel sin barreras ni distancia.
“Allí vivisteis. Allí cada mañana presenciasteis la Tierra,
la luz, el calor, el sondear lentísimo
de los rayos celestes, que adivinaban las formas…”
V. Aleixandre
Cuando en mi seno floreció la vida,
mi corazón era una azul balada
y mi frente una flor recién nacida.
La brisa me mecía a la alborada
y propagaba múltiples aromas
por la verde emoción de la enramada,
y en el perfil amigo de mis lomas
el bosque era promesa verdeante,
y vuelo ascensional de las palomas.
Sobre mi piel la lluvia, en adelante,
multiplicó la flora prodigiosa
que adornaba mi cara rebosante
de alegría y primor, maravillosa
sensación del planeta que se ofrece
desde el gesto intachable de la rosa.
Cuán bella mi campiña, que parece
un orfeón de gozo diamantino
y alfombra vegetal cuando florece.
Qué proeza del río cristalino,
caminando hacia el mar que se ilumina
al espejarme el sol en mi camino.
¡Cuánta nieve impoluta que culmina
el cancán mineral de mi ropaje
en la última cumbre adamantina!
“Lo que sabemos es una gota; lo que ignoramos un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del universo, no ha podido sino salir de un Ser omnisciente y omnipotente”
I. Newton
Y la fauna me dio nuevo paisaje
por mis sendas, mis valles y cañadas
en alarde de vida y su engranaje:
innumerables peces, las aladas
aves con su plumaje colorista
surcando un cielo azul con las bandadas
de las aves en fiesta sin arista,
donde expandió la vida su belleza
y toda la esperanza siempre lista.
Yo mantenía mi naturaleza
con todos sus encantos y primores
y la rúbrica fiel de la pureza.
El hombre apareció con sus mejores
dotes de voluntad e inteligencia
para regir mi vida en los albores
del ser humano, aún sin experiencia
para guiar mi rumbo, mi destino
desde el sentir grabado en su conciencia.
Yo proseguí mi paso peregrino
por los surcos del orbe y su memoria
con el sol alumbrando mi camino,
siempre fiel a mi noble trayectoria
para daros mi apoyo y mi cobijo
a lo largo del tiempo y de la historia,
como cuida una madre de su hijo.
Yo amamanté con indudable celo
desde este corazón con que me rijo,
mientras tú me tejías negro velo,
quebrantando mis leyes inviolables
para mi desventura y desconsuelo.
Hoy mancilláis el aire. Detestables
armas de destrucción cruenta y masiva
contaminan mi savia. Reprobables
vuestras guerras atroces, en lesiva
destrucción sin piedad, incontinente,
con mis pasos marchando a la deriva
y mi dolor tan duro y oprimente,
infringido sin tino ni cuidado,
para hacerme planeta decadente,
con mis mares infestos, y velado
todo lo que en principio fuera fuente
de mi esplendor tan prístino y sagrado.
Mas cuando llegue vuestro estado inerte,
hallaréis el reposo en mi costado
en el tiempo preciso de la muerte,
por si la luz regresa a vuestro lado.”
