(Poema escrito para mi mejor amigo, Luis García Pérez, que es uno de los mejores poetas de España)
Este poeta, insigne zamorano
que ha recorrido casi toda España
como un silente y pertinaz Arcángel
con un cestón de versos y de malvas,
lleva en la frente un ruido de alamedas
y el corazón temblando en la alborada.
Hierve su amor y el gozo le amanece
entre un sublime vendaval de albahacas,
y, apasionado siempre, y en silencio
le hunde al dolor las tétricas murallas.
Luis es un niño grande que tirita
como tremola un pájaro en la rama,
y hasta una hormiga besa y la bendice
cuando camina triste y solitaria.
Como una espiga de dorado trigo
Luis se reparte en granos de esperanza,
y el corazón se eleva entre amapolas
en permanente y roja vigilancia.
Rompe a la envidia muros y barrotes,
alza en sus manos cándidas calandrias
y multiplica el agua de su búcaro
para matar la sed samaritana.
Vierten sus labios jarros de ternura,
prenden sus dedos ramos de fragancia,
y siembra versos cálidos y azules
sobre el flamante albor de la mañana.
Cava en su campo el hoyo más profundo
para llenar su cantarilla de agua
y hacer que broten puros manantiales
sobre un paisaje azul en lontananza,
y a ver si vuelan frágiles palomas
en una tibia y virginal bandada.
Santiago Romero de Ávila
Ciudad Real, 19 de febrero de 2013
