Seudónimo: “John Milton”

“Sucede que es un día más bien canción que número,
más bien como una lluvia con sus pestañas tristes,
con sus arduos dominios envolventes
de todo lo que luego tendrá otra vez su nombre: vida”

J.M. Caballero Bonald

I.- Paisajes ignorados

LA ESENCIA DE LAS COSAS

La memoria acaricia la esencia de las cosas
de aquello que tuvimos tan cerca de nosotros
y que vimos partir con añoranza
hacia la lejanía inalcanzable.

El tacto de las cosas es un rito
como si fuera río que regresa
a devolvernos puros los contornos;
pero los calendarios del pasado
grabaron solamente imágenes ya rotas
en esos hipogeos del cerebro
donde expira la luz.
Pero nos falta
ese soplo de amor que las rescate
detrás de las arcadas de los siglos
cuando toda la noche se agiganta
entre los corporales de la vida.

En los escaparates de la existencia humana
hay distancias y olvidos que parecen
tejer entre sus dedos las premisas
para hacer imposibles los encuentros.

NO EXISTEN LOS CAMINOS DE REGRESO

El tiempo pasa frente a las ventanas
de esta vida que pasa y nos traspasa
aquellas latitudes que el amor
frecuentó con sus versos encendidos,
cuando la infancia con su traje nuevo
nos vistió de inocencia arrebolada.

Queremos regresar a lo que fuimos
y sentir los latidos de la sangre
como el vuelo de un pájaro al posarse,
sobre el verde ramaje de unos árboles
creciéndote en los puertos de la espera
donde ya nadie acude a rescatarnos.

Las vivencias son aves fugitivas
que escapan de las manos impotentes
y parten para siempre a otros parajes
hacia una geografía de misterios
para no regresar a nuestro lado,
porque el pasado es finitud de un soplo,
materia vulnerable inconsistente
que deja palpitando su recuerdo
por los acantilados del olvido.

Pero todo recuerdo, si se piensa
también puede soñarse, y si se sueña
podemos cultivarlo en interiores
si la luz nos permite acariciarlo.

“El hombre sabio puede cambiar de opinión,
el necio, nunca”

Manuel Kant

SOLOS FRENTE A LA NOCHE

Marchando por las sendas del crepúsculo
llegamos al reinado de la noche
y ungidos por la fe que nos sostiene
pretendemos abrir los ventanales
donde la luz no existe.
Solamente
el misterio nos cerca la mirada
y la duda es un ave que dormita
alrededor de todas las preguntas.

En un país lejano donde la sombra es todo
y el simún nos sorprende con alas de ceniza
el desierto traspasa nuestros ojos
con claveles de sangre palpitando,
y la voz es un ascua diminuta
que se adentra en la noche más profunda
igual que un aguacero en el océano.

Desde esta lejanía tan cercana
vamos buscando el rumbo más certero,
que nos propicie una salida airosa
en este laberinto de ansiedades.

LAS CLAVES DEL MISTERIO

Detrás de la otra orilla la intemperie,
es un desconocer que nos acerca
al reino de lo oculto a nuestros ojos,
y queremos entrar en los misterios
que nos están vedados por ahora.

Como el árbol desnudo que ya jamás despierta,
como el rumor de pasos que se adentran
en la noche profunda desolada;
como casas vacías sin fachadas ni puertas,
así serán las claves del misterio
antes de traspasar el horizonte
en busca de la nieve nunca hollada,
de un manantial de luz inagotable.

Quién plantará algún árbol al borde del camino,
quién robará a las sombras cestillas de violetas,
quién podrá revestirnos de inocencia
para alcanzar la estrella que palpita en la altura.

¿Entraremos un día de puntillas
en esa dimensión, donde la fe
nos va llevando por inciertas sendas?

EL DOLOR QUE NOS DEJAN LOS RECUERDOS

Viajeros sin billete ni destino
por los andenes fríos de la noche,
seremos esa muda partitura
de notas apagadas sin un eco.

Atrás quedan los días presurosos
con la herida nostalgia de las hojas que fueron
juguetes de aquel viento intempestivo
que vino por sorpresa cuando el día
cerró los ventanales de la aurora.

Las cosas en las sombras juegan a ser fantasmas
de ausencias sucesivas. Partiremos
con el dolor que dejan los recuerdos
sobre los corporales de la nieve,
porque nunca alcanzamos ese tiempo
que viene a retirarnos, sin saberlo
un periplo de vida luminosa.

Esperamos que un día traiga el alba
la luz que nos permita puntualmente
recuperar aquello tan amado
que el tiempo, irrepetible, se llevara.

En qué mar, en que puerto, en qué galaxia podremos encontrarnos, cuando el velero de esta vida humana deje de navegar en esta orilla. Inútil preguntar. Nadie responde.

UNA DUNA DE SIGNOS APAGADOS

Regresan las palabras igual que golondrinas
a repoblar vacíos que dejaron
las flores de otra edad,
la música callada
en el desván del alma,
igual que esas postales, ahora amarillentas
que se hacen fría yesca en nuestras manos
cansadas de tocar tantos olvidos,
tanta impotencia, tanta desmemoria.

Una duna de signos apagados
invade nuestra mente desvaída
dejándonos la estela agonizante
de un tren que nunca supo llegar a su destino
y nos condujo, al fin, hasta los límites
de la última morada,
donde pone su rúbrica la muerte
aunque no haya dictado un veredicto
el juez de un misterioso itinerario.

Y todos los encuentros, las citas concertadas
por los enamorados
en los parques del tiempo,
tomaron su maleta y nunca regresaron.

Sólo vimos las huellas trasoñadas
por los fríos desiertos de la pena,
donde la soledad es una daga
y las dunas imponen su capricho,
sin que la sed descubra algún oasis,
el gesto amable de una fuente amiga
o algo semejante al paraíso.

“Llamamos destino a todo cuanto limita nuestro poder”
R. Waldo Emerson

LA VOZ DE LAS FRONTERAS

La seducción de un horizonte nuevo
nos hace reciclar el pensamiento
y queremos echar de nuestro lado
al monstruo que llevamos con nosotros
antes de que sea tarde.
Sin embargo
qué difícil resulta casi siempre
abdicar por un tiempo de nosotros mismos
y jugar un envite a la belleza
detrás de la mirada de las máscaras
que velan la emoción de los encuentros
en el jardín de alguna primavera.

En el envés del tiempo
vendrán los laberintos a cerrarnos
los pasos hacia nuevas lejanías
allí donde el espejo nos devuelve
la realidad de nuestra singladura
que nunca acaba de cruzar las sombras
y musicar la fiebre de una espera.

¿Dónde se encuentra la felicidad? Está en nuestro interior, ¿ o habremos de buscarla en aquello que la vida nos ofrece de forma pasajera?

CERTEZA DEL EXILIO

Según se sube al norte del olvido,
detrás de una utopía inalcanzable,
se hace costumbre el eco sin latido
y hasta la nieve pierde su blancura
para ser finalmente lodo y agua
o dorada caricia de un cuerpo de mujer
entre las mansas olas de una playa
que ni siquiera pudo
retener ese cuerpo luminoso,
porque la luz no sabe
reconstruir perfiles y hacerlos sólo suyos.

Deposita la noche sus consignas
en esta indefensión de la alegría
que nunca puede regresar al puerto
después de los naufragios que la vida
le impone con la fuerza del Destino
amarrado al dolor de la ignorancia.

Quién podrá liberarnos del exilio.

SIEMPRE CONTRA CORRIENTE

El tiempo llega siempre a contratiempo
para escribir en el atril del alma
aquello que nos lleva sin remedio
por los acantilados del olvido.

El canto de la alondra no puede eternizarse
para ser ese salmo permanente
y solaz exquisito de todos los sentidos
en la ablución del pecho, resignado
a la suerte que dicta el calendario.

Oh cuerpo irregresable
respirando a diario la amargura
entre la densa niebla que nosotros
transitamos ahora, acaso sin saber
que devoramos sombra, mucha sombra.

Y nos queda tan sólo un sueño con los sueños,
remar a contraola cada instante,
para reconocernos en medio de la noche
esperando la nueva madrugada.

El humo es la señal que nos advierte
que no podremos traspasar el alba
sin otros ojos nuevos que desplieguen
un horizonte abierto en plenitudes.
Y serán nuestros pasos por el tiempo
los que marquen un nuevo itinerario.

“Paseo la ciudad. Su historia es algo mío
como este mar de golondrinas
redimiendo la tarde…”
F. Mena Cantero.

II.- Desván de soledades

TIERRA DESVALIDA

Hoy me duele esta Tierra desvalida
desde su piel de lóbrega tristeza
porque lleva grabada en su corteza
el dolor de una pena incomprendida.

Me duele el desamor de tanta herida
desde su palpitar y su nobleza
después de tan fecunda gentileza
como madre jamás correspondida.

Ya no se escucha en la serena noche
aquella algarabía, aquel derroche
del armónico canto de los grillos,

que han impuesto sus altas vanidades,
sus únicas razones y verdades
los dioses del poder y los ladrillos.

“Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar”

J. Manrique.

NOS QUEDA LA ESPERANZA

El sol va declinando lentamente
y la voz es un eco que se apaga
en el desván de nuestra incertidumbre.

Nos llueve la carcoma en las estancias
donde el alma reclina su cansancio
y el tiempo nos requisa el equipaje,
ya fósil en la palma de las manos.

La soledad es una extensa herida
indómita y callada
que viene a recordarnos nuestro sino
desde toda la rosa de los vientos.

Se abraza la memoria a los recuerdos
y una gota de música callada
resbala entre la escarcha
de un lento miserere que cabalga
sobre el paisaje niño todavía.

Sobre la piel del tiempo
la historia escribirá su crónica de olvidos
y girará en la rueda el soliloquio
de una lluvia que quiso hacerse río.

Y este río nos lleva en su corriente
por valles y barrancas
hacia la inmensidad de un mar que acoge
toda la biografía desvelada,
la película fiel de nuestros pasos.

LA MÚSICA INAUDIBLE

Están mudas las cuerdas
de las arpas sumisas a la noche
en un rincón del tiempo
sin posibles canciones.

El agreste paisaje de las sombras,
juguetes del silencio y del olvido,
declama una oración que se desmaya
en la piedra dormida del presente.
Todo es adiós en la región oscura
donde muere el anhelo cada día
de nuestra piel ansiosa de caricias
que nadie viene a regalarle nunca.

Y el progreso no puede ser la clave
que nos pueda salvar, y para siempre,
de nuestra condición. Pero es posible
que nos abra las puertas de un futuro
acaso más amable y diligente.

Tal vez allá, de frente a alguna estrella,
resuene la solemne partitura
que nos abra las puertas del misterio.

NECESITO ESCUCHARTE

He seguido la huella de tus pasos
por los senderos de la noche fría
y la luna es un eco del espejo
que refleja la imagen de tu cara.

El río es como un plagio de tu risa
y todas las promesas se deshojan
en la triste rutina de las horas.

Te esperaré sentado en la vereda
anhelando el regreso de un exilio
que te acerque al altar de la inocencia.

Háblame desde el magma de tus labios
desde el llanto apacible de tus ojos.
Dime que tras la voz de la materia
aún es posible que germine el alma
y un rojo atardecer nos aproxime
las flores de otra edad, de otro latido.

Dime que la palabra
es un cáliz de lumbre todavía,
que florece en los templos sumergidos
esperando el milagro
de un verso que rescate la belleza,
el fervor de su nítido albedrío.

Dime que aún hay savia en tus parajes,
que el corazón espera algún portento
que lo libere de las mudas sombras.
Dime que hoy amanece en tu cintura
y que mi nombre espera todavía
los labios que se acerquen a sus sílabas
para librarlo de un fatal naufragio

Necesito tu voz, todo el prodigio
de refugiarme en ti frente al Destino.

SOBRE EL ALTAR DEL TIEMPO

Sobre este altar del tiempo
pronunciemos el don de las caricias
poniendo en cada sílaba la fuerza
que rescate la luz de las palabras
desde la fosa inmensa del olvido.

No dejemos que mueran
las flores más hermosas
en esta fría jungla del asfalto
donde un sauce de lágrimas cautivas
emite cada instante sus razones.

Preciso es encontrar algún refugio
fuera del repertorio interrogante
que el futuro nos tiene reservado.

Pero la realidad se vuelve turbia
cuando el hombre se erige por sí mismo
en el dios necesario, a fin de hacerse
con la piedra precisa que convierta
la materia en el oro del deseo
después de haber cursado en sus dominios
algún máster de crónica avaricia.

Dicen que Dios ha muerto. Es mas cierto
que los hombres queremos ignorarlo
cuando estorbe a los planes de los hombres
que pretenden llevar entre sus manos
las riendas de la historia a su capricho.

Si hubiéramos sabidos conservar en los bolsillos, adarmes de inocencia de la infancia y jugar como niños al corro de la vida jubilosa, este mundo sería un bálsamo de amor en cada poro.

VESTIGIOS DEL PARAÍSO PERDIDO.

Hay instantes que vuelven con frecuencia
con el dolor opaco a las espaldas
de un invierno que quiere aniquilarnos
y dejarnos vacíos de esperanza,
vestidos de intemperie en cualquier parte,
con los labios sedientos, sin el agua
que remedie esta sed intempestiva
del amor que la vida nos reclama.

Para encontrar adarmes de alegría
no hacen falta siquiera las palabras,
que el corazón bien sabe de memoria
llamar a cualquier puerta con su aldaba
reclamando esos besos que la lluvia
deposita en la tierra cuarteada.

El sol quiere inmolarse entre los ojos
de los niños sin besos y sin nanas
con sus ojos marchitos en la niebla
lo mismo que dos brasas apagadas.

Mirando hacia la altura descubrimos
lágrímas de Preseas, mil distancias
porque los hombres seguirán matándose.
con el furor de fratricidas armas.
Definitivamente hemos vestido
humano raciocinio y las miradas
con la violencia siempre a nuestro lado
como una maldición multiplicada.

“Si lloras, porque el sol se haya puesto, tus lágrimas
no te dejarán ver las estrellas”

R. Tagore

LA LUZ Y SUS RESCATES

La luz puede ausentarse paso a paso
sin dejarnos un signo bien impreso.
Hay caminos que un día recorrimos
y apenas vislumbramos, ya tan lejos;
páginas de la vida que gastamos
sin darnos cuenta apenas, sin saberlo,
porque todo fue un guiño en nuestra frente
que discurrió veloz, y en nuestro pecho
dejó una impronta cierta, consumada
en el reloj indómito del tiempo.

Inventa fantasías la memoria
pero son solamente los recuerdos
los que alimentan nuestra singladura
por el bosque apacible de los sueños.

El pacto con la luz siempre nos lleva
a la verdad de nuestro entendimiento
y tendremos, por fin, que darnos cuenta
que toda claridad es lo primero
para saber que no existimos solos
y el mundo es una empresa en sus cimientos.
Construyamos unidos los pilares
de un mundo compartido, sólo eso.

Cada día al levantarme me pregunto: en qué soy libre yo, en qué soy libre. Y nunca puedo hallar una respuesta amable y convincente. Es misterio de todos los mortales.

AMADA LIBERTAD

Amada libertad, sueño sagrado
como esa potestad que tiene el viento
para llevar el rumbo de su aliento
sin trabas, zancadillas ni dictado.

Eres como jilguero enamorado
que desgrana su trino y sentimiento
sin miedo al cazador que en un momento
puede segar su canto alborozado.

Has de basarte siempre en la armonía,
la justicia, el respeto, la hidalguía
de quien cumple el deber estrictamente

sin marcar con acero de la espada,
porque la libertad más encumbrada
se forja en la amistad, amablemente.

POR LOS DULCES ARROYOS DEL MAÑANA

Por los dulces arroyos del mañana,
regrésame a la espera
floral de la conciencia, de la sangre
que añora el privilegio de abrazarte
en el jardín de pájaros y luna.

Preciso es regresar con alas nuevas
allí donde dejamos
la sangre siempre en flor de una querencia,
por si se apaga el cielo de repente
y se nos agria el vino de la vida.
de tanta pena rota en los caminos.

Dónde estarán los rostros
de toda la belleza innominada,
si al pronunciar las cosas se hacen yesca
y nadie nos responde
detrás de los balcones de la tarde penúltima
donde tal vez aniden las palabras.

Si al escuchar mi voz no me respondes,
no te vuelvas silencio.
Guarda el cofre
donde escondimos ristras de palabras,
canciones de la luz al mediodía
por si la vida alguna vez quisiera
repetirnos de nuevo en sus arroyos.

“El pasado es tan lento
que se aferra porfiado a su mutismo”

M. Benedetti

III- A modo de refugio

“Las guerras, siempre injustas las guerras”

M. Hernández

UN HIMNO A LA ESPERANZA

No más niños hambrientos, no más penas
ni bombas ni fusiles, sólo abrazos
para estrechar al fin hermanos lazos
que nos libren de indómitas cadenas.

No más guerras ni lutos ni condenas
de lágrimas salobres, cuyos trazos
se escribieron con sangre, con retazos
de muerte y de miseria a manos llenas.

Entonemos un himno a la alborada
que nos traiga la paz reverdecida
por los surcos de tierra bien labrada,

y una música alegre y presentida
nos convoque en la voz tan añorada
como alondra de luz amanecida.

LAS HUELLAS DE LAS HORAS

La verdad de un instante
quedó marcada un día por sus huellas
sobre el camino incierto
de todo lo que quiere eternizarse.

Y es en estos caminos insondables
donde intentamos encontrar refugio
a tanta interrogante sin respuesta.

Pero al llegar un día al dolor de ser hombre,
retrocedemos siempre nuestros pasos
y buscamos refugio donde siempre:
aquel primer regazo de la madre,
tal vez el primer beso, los amigos,
una fe religiosa que nos alce
más allá de este barro
que sufre en cada trecho del camino
una desolación tan deprimente
como si fueran muertes diminutas.

Pero también se muere cuando el beso
se estrangula en un arma cotidiana
y llevamos las manos desprovistas
de intercambiables frutos, renovados.

COMO UNA VOZ REMOTA

Qué estrella remotísima
como una vocecilla
en medio de la noche
podría rescatarnos del olvido
o realidad tangible de las horas.
alrededor de un nombre inconfundible.

Pasaron tantas cosas
que dejaron la marca de sus huellas
sobre el brillo expectante de los ojos…
Mas todo fue dejando su mutismo,
silencio impenetrable
lo mismo que la voz de un ser querido
que se ausenta de pronto
sin una despedida ni un abrazo.

Tantas cosas cruzaron nuestros campos
como cruzan los ríos la campiña,
que nos duele su ausencia
lo mismo que esas naves espaciales
que nunca regresaron a la tierra.

Y hemos de resignarnos con esa cercanía
de un eco que se aleja
sin poder evitar tanta distancia.

¡Tan sólo la memoria es un refugio!

MUDEZ DE LOS PAISAJES

Hay días que parecen
la melena desnuda del invierno,
la soledad más fría por las calles
con ventanas cerradas
por las persianas grises de la niebla.

En estas circunstancias
parece que los ojos se funden con las sombras
y el corazón, desangelado y solo,
intenta cobijarse en las imágenes
de aquella primavera de colores
que encendió nuestros pulsos juveniles

A pesar de esta terca
mudez de los paisajes,
de esta desolación y desamparo,
la mente ensaya vuelos que pretenden
desbrozar esas nubes de tristeza
que nos velan el beso del sol en los aleros
donde tiene la vida sus altares
y la imaginación su fantasía.

“Yo no quiero, Señor, otro regalo
que discreta humildad, como si un halo
del mundo, sin rencor, me distanciara”

Enrique Barrero.

LA NORIA DE LOS DÍAS

Aunque nunca regresen
los árboles de antiguas primaveras
ni aquellos escarceos amorosos
sobre la fresca hierba mirando al cielo azul
cuando mayo llamaba a nuestro pecho
detrás de las cortinas del deseo,
algo habrá cuando llega la alborada
a traspasar las sombras de la noche
y la dulce mañana se convierta
en un pájaro azul de primavera
capaz de iluminarnos el instante.

Sabemos que el presente es un ayer
y que nunca podremos retener en los ojos,
ni comprarlo en mercados de la vida,
pero él viene a dejarnos en el alma
los renuevos que enciende un aguacero
-lo mismo que en el olmo machadiano-
de claridad tangible cuando llega
el amor disfrazado de sorpresa.

Aferrados al tren de la rutina,
se suceden los siglos y los años,
las estaciones…todos los momentos
que van cumplimentando
los desnudos mosaicos de la vida,
el puzzle que nosotros componemos
en la noria del tiempo
donde quedan impresas nuestras huellas.

Si el clamor de la noche nos devora
los colores de antiguos arco iris,
tendremos que llenar nuestros bolsillos
con los sueños que vamos persiguiendo,
para saber que aún estamos vivos.

TRISTES DESPEDIDAS

Cuando el rostro afilado de la noche
proyecta sobre el hombre su opaco desaliento,
nos queda ese vacío cual pozo de tristeza
que nos dejó la sombra
con todas sus antorchas apagadas.

Sólo el amor consigue
derrotar los despojos del olvido
y regresar de nuevo a las querencias
que tienen su raíz en el abrazo.

Cuando cae la derrota del olvido
sobre pájaros rotos del invierno
para borrar la luz de nuestros pasos
en medio del dolor petrificado,
es urgente mirar con ojos nuevos
hasta que llegue un día la luz a rescatarnos
y alumbre nuevamente nuestras manos
lo mismo que el sol besa
los penúltimos labios
de todos los amantes.

Detrás de cada triste despedida
esperaremos otra vez la aurora
para darle su vuelo a la palabra.

Mas serán nuestras huellas por la vida
la prueba irrefutable
de nuestra intrasferible biografía.

Al caminar por esta senda humana, por los parques del mundo, un día comprendí que estaba equivocado si tan sólo pensaba en mis problemas.

ESTAMOS SIN RESPUESTAS

Hay fechas que nos trae el calendario
el regalo de un cielo azul celeste
y la paz en el centro del semblante.
Entonces descorremos las cortinas del alma
para ver cómo pasan
a nuestro lado múltiples sorpresas:
la rosa que no estaba ayer en los rosales,
la brisa que ha estrenado jazmines en sus alas,
o la espuma del mar hecha caricia.

Entonces te propones
revisar coordenadas de tus pasos
y llamar a las cosas por su olvido
con un acento nuevo en cada sílaba
para librar de las miradas tristes
aquello que resulta indispensable
para sembrar un surco de alegría.

Pero de pronto llega la tormenta
a través de la imagen o las ondas
y golpea el dolor nuestro entusiasmo,
con ese duro puño que nos deja
sin respuesta posible.
Nuevamente
volvemos a correr nuestros visillos
y las calles se quedan ateridas
frente a una realidad que nos derrumba.

MÚSICA DEL RECUERDO

Anochece en la calle.
Cae la noche
como un rosario de silencios largos
que nos muestran las hebras del silencio.

Hemos perdido el nombre de las cosas
de tanto pronunciarlas.
Llega el tiempo
de acariciar relieves
que fueron resplandores de altas cumbres.
Después hubo momentos
de rotas caracolas en los mares
del mar de la retina,
y la música cierta del recuerdo
no pudo hacerse tacto.

Sobrevoló el crepúsculo la brisa
y una muda campana se adormeció en la niebla
con su pálido llanto.
Todo el silencio
atravesó la sangre de los muertos.

Quisimos asomarnos hasta el brocal del alba,
pero en el viento sólo estaba escrito
un silencio amarillo
sucio de soledad y desamparo.

Caminamos por esta incertidumbre
sin un norte posible, sin un rumbo,
porque el futuro es muda lejanía
y el pasado nostalgia. Sólo eso.

MELANCOLÍA

Un repique otoñal de monótona lluvia
puede ser suficiente
para que brote la melancolía
y nos pese en los brazos
como si fuera un fardo de temores.

No puedes alegar que estás muy sólo
si tienes algún rostro
al otro lado del espejo claro
compartiendo el discurso de estas horas
que nos calan el alma y nos empapan
de sueños imposibles que dejamos
a la espalda de nuestra singladura.

Los párpados del día
se asoman al cristal
de brisas vagabundas,
a la humana riada que marcha por las calles
sin mirarse a los ojos.
Los semáforos
son un guiño de luces que quieren ser mensaje,
pero nadie detiene su marcha apresurada
para ver lo que pasa en torno a las miradas
o regalarle un beso a quien reclame
ser salvado de tanta indiferencia.

Humano capital es la esperanza.

CUANDO EL AMOR NOS UNGE

Pretendemos fijarnos
en las huellas que un día nos dejaron
aquellos caminantes
que cruzaron también nuestros senderos
con la mochila del amor al hombro
para dejarnos rumbos bien marcados
y colgar en las ramas
de los árboles fríos del invierno
premonición de nuevas primaveras.

Y cruzamos la noche silenciosa
contemplando despacio
los enjambres de estrellas
que otros contemplaron con ojos del asombro
lo mismo que nosotros en la noche profunda.

Algo viene a decirnos
que nunca estamos solos
y es preciso salir a esos encuentros,
aunque el frío nos cerque con alfanjes
de escarcha y soledad en las farolas
solitarias y frías del invierno.

DETRÁS DE LA MEMORIA

Nunca pretendas convocar tragedias
para envolver el llanto en el olvido
de un tren de lejanías
que tal vez nunca pueda regresar al origen.

En este caminar inevitable
– siempre viajeros hacia lo ignorado-
tal vez sigan subiendo pasajeros
con billete sellado en la esperanza.

El tiempo irá sembrando en nuestros ojos
la marca inexorable de sus huellas
sin que nunca podamos detener su carrera,
retenerlo en las manos para siempre
o anticipar un día nuestros pasos al suyo.

Dónde se oculta el alma de las cosas,
imágenes que quedan ignoradas
– como un harapo triste en el sendero-
detrás de la memoria.
¿Son acaso los signos
que no podemos habitar ahora,
porque la luz perdió las credenciales
del libro de la vida que escribimos
sobre el eterno tul de lo posible?

CUANDO EL AMOR CLAUDICA

En las umbrías de los labios mudos
sólo renace el frío del silencio
la estación sin andenes ni viajeros,
sin maletas, sin trenes que nos lleven
al país luminoso de los sueños
o al regazo envolvente de la lluvia.

Anochece en las calles
mientras busco las llaves que me abran
las compuertas del mar de otras miradas.
Pero todo es inútil,
casi todo.

Ahora recorremos el camino
con los pasos contados.
Nos vamos deshojando
con mucha incertidumbre en nuestros ojos.
Y miramos atrás, y sólo vemos
aquellos territorios ahora desahuciados
o pasos que se pierden en la niebla.

Aquel trébol florido
o el arrugado mar en nuestras sábanas
tan sólo son ahora el escenario
donde el amor fue sorbo almibarado,
después de que los labios hubieran ya firmado
el armisticio fiel de nuestra hoguera.

Cuando el amor claudica se alejan los extremos
por los viejos caminos del insomnio,
la amargura de un viento de ceniza
o el dolor visceral del extravío.

AMOR ES LA CERTEZA

Al fin sabemos que el amor es algo
como el mar o los astros,
como el viento que no encuentra reposo
y es absolutamente indispensable
para vencer los miedos
y elevar para siempre la mirada
más allá de este barro donde el día
escribe sus verdades de sol cada mañana.

A veces nos acerca
a ese tiempo cercano en que hemos compartido
pesares y alegrías,
mesa, mantel, victorias y derrotas.
Acaso su caricia supusiera
el mismo paraíso,
un refugio seguro para acabar triunfando
contra todas las cosas imposibles.

Me pregunto por qué es tan necesario
recobrar las canciones que un domingo
vino a pintar el tiempo de colores,
a dejarnos la brisa de su embrujo
en los cinco sentidos.

Al mirar hacia atrás y darnos cuenta
de la desposesión que nos ha hecho
tan pequeños, tan frágiles, tan pobres,
queremos invertir el rumbo de los pasos
para volver al punto de partida.

Pero los labios rojos de aquel tiempo
no pueden ser volcanes de pasiones,
si el corazón se encuentra a la intemperie.

POSIBLE ES APRENDER DE LAS DERROTAS

A veces el destino nos empuja
con ese manotazo desatento
hacia algún pasadizo sin salida
o hacia un puerto sin faro, al desabrigo.
Entonces enfilamos
toda la lejanía del paisaje
con ese miedo frío a volver la mirada
bajo la dura pena de quedar convertidos
en estatuas de sal.

El verbo se disfraza de metáfora
para hacernos creer un imposible,
el eterno poema que quedó entre las ruinas
de nuestra derribada arquitectura.

Sólo nos va quedando el mar de las palabras
que alimentan los sueños
hacia otra dimensión, otro destino.

Desde el frágil reverso del crepúsculo,
¿cuándo podremos acceder temprano
hasta el ancho paisaje que gravita
detrás de la penumbra de toda nuestra historia
escrita en imposible partitura?

Este desconocer, esta ignorancia
de la meta final, acaso pueda
iluminar un día la noche del misterio
cuando venga la aurora a sorprendernos
navegando por mares inefables
sin el temor posible de un desahucio.

CUANDO LA OSCURIDAD ES NUESTRA GUÍA

Me siento tan herido
cuando el destino borra mi sonrisa
y en esa caja tonta del salón de la casa
presencio las imágenes desnudas
de orientales contiendas,
de muertes sin sentido al desabrigo
de la humana impotencia
para pintar las horas de otro modo;
del hombre que es un lobo para el hombre,
de muchachas esclavas que llegaron
en un viaje engañoso en brazos de la infamia.

Son tantas cosas negras
que vienen a turbarnos la alegría
que tengo que plantar en cualquier parte
el girasol del alma
para ver la sonrisas de los niños
o que el cielo es azul y verde el trigo;
que los almendros estrenaron pronto
su traje de primera comunión
y el rosal ha estallado, sin aviso
con capullos preludio de sus rosas.

Entonces más que nunca
se hace necesario
ensanchar las pupilas,
mirar al cielo azul con entusiasmo
y ver que las espigas ya doradas
son promesas de panes para todos.

Atrás vamos dejando
la rebelión innata de los días festivos,
aquellos paraísos que fueron santo y seña
en nuestros ojos plenos de arco iris.

Pero la oscuridad se acerca de puntillas,
nos toma de la mano
e intenta despojarnos de aquello que tuvimos,
del aroma entrañable de los besos redondos
o ser hombre y caricia al mismo tiempo,
porque es terca la noche
que viene, astutamente, a velar nuestros sueños.

La oscuridad es mala consejera.

SI ALGUIEN NOS RECUERDA,
SERÁ QUE NO HEMOS MUERTO

Con la ausencia prendida en nuestros labios,
a punto de cerrarse el último capítulo,
la tarde caerá irremisiblemente,
y aunque sólo tengamos
los brazos de la tierra para amarnos,
quedarán nuestros nombres con sílabas de amor,
la imagen en los ojos que sueñan con los nuestros
muy cercanos al tacto,
al filo de ese roce que se queda
para beber, acaso, el mismo trago
en las bodegas íntimas del alma.

De todas las maneras,
si en los nuevos regazos de la aurora
no nos reconocemos
y el nombre sólo es nombre,
avivemos siquiera los recuerdos
de aquello que tuvimos algún día
brincando de emoción en nuestro pulso.

En el palacio fiel de la memoria
no perderemos todo.
Recobremos
el privilegio de sentirnos niños.

DESPIERTA

Coge el agua de limpios hontanares
para la sed del hombre que padece
el abismo insondable de sus males.

Alimenta la savia de los pobres
con tu llama de amor para que surja
una fuente de luz que no se agote.

Deja que las palabras insidiosas
escapen de tu boca para siempre
y apacienta el vergel de tus palomas.

Mira a tu alrededor, y si no encuentras
una razón para seguir viviendo
mece en tu corazón una respuesta.

Si te dejas llevar por la tormenta
nunca verás brillar el arcoiris
que baja de las nubes a la tierra.

Si quieres ser amado, no lo olvides,
también debes amar sin excepciones,
la vida solidaria nos lo exige.

Y brinda por la paz cada mañana
cuando las sombras quieran invadirte
con la niebla detrás de tus persianas.

Despierta, que la vida es mientras tanto
y no desprecies nunca recorrerla
con la entrega sincera del abrazo.

La suerte para el hombre es aleatoria,
el éxito tenemos que alcanzarlo
con la balanza fiel de nuestras obras.

Y si el azar rompiera tus proyectos,
el sol siempre regresa de la noche
y te puede ayudar en otros nuevos.

“No hay caminos para la paz, la paz es el camino”

Gandhi

CUANDO LA PAZ SE MUSTIA ENTRE LOS HOMBRES

enmudecen los pájaros del alba,
se desmaya la luz por los caminos,
entre los labios sangran las palabras,
anida la tristeza en nuestros ojos
y la angustia se aferra a las gargantas.
No hay niños en la escuela ni jilgueros
entonando su plácida romanza,
una espiral de luto nos envuelve
y el amor se nos pudre en la distancia.

Cuando muere la paz duele la vida,
un cierzo vengativo nos traspasa
y toda la amargura y desconsuelo
nubla nuestra alegría desahuciada.

Cuando la paz se troncha como un lirio,
la muerte se aposenta y agiganta,
se prolongan las horas de vigilia,
el corazón es carne de venganza,
el cielo no es azul ni verde el valle
y un corcel de dolor nos arrebata.

Cuando la paz se extingue como un río
solamente nos queda la añoranza
de que vuelva algún día a despertarnos,
a aromar esta tierra cuarteada
como esa lluvia tibia y esponjosa
que arraiga la amistad y el alma empapa.

Cuando la paz se quiebra en nuestros pulsos
llora la libertad desconsolada.