PERFIL DE LA INOCENCIA, Juana Pinés Maeso, XVI Premio de Poesía Esperanza Spínola, Excmo. Ayuntamiento de Teguise, Lanzarote 2.004
Perfil de la inocencia es un libro intimista en el que Juana Pinés desnuda su corazón en un monólogo interior con sus tres hijos: Alba, Aída y Pablo. El amor de madre, líricamente volcado sobre sus hijos, todavía en la edad de la inocencia, constituye la esencia de este poemario, escrito mayoritariamente en endecasílabos blancos de impecable factura.
En el poema inicial- Te puse Alba en la frente- Juana nos explica poéticamente la razón de haber elegido este nombre para su primera hija, nombre que encierra para ella una doble connotación de “tormento” y “gozo inevitable”: “Romper la noche, abandonar la bruma/ de oníricos paisajes transitada, / dar verticalidad a cada sueño / que habitaba la noche de mi espíritu/ era mi cruz. ¡Mas qué supremo instante/ retornar a la vida con los ojos / y pisar nuevamente los rumores / del pórtico de luz que es la mañana!”
Alba es una chica adolescente con una rebeldía propia de esta edad y ese carácter con frecuencia dispar y cambiante, que oscila entre el “amor” y el “odio”: “Como un turbión, como un torrente vivo / de arrebatada luz y de ceguera” Los poemas referentes a Alba se mueven en esta dinámica de maternal devoción que ama intensamente y a la vez conoce como nadie esos contrastes afectivos de su hija que también forman parte de esa “cadena enamorada” : “Solas tú y yo. Y ese tormento cómplice / de saberte dispersa y compartida”
J.P. expresa con excelente lenguaje poético y versos rotundos y efectistas ese temor a la fuerza arrolladora y hasta tormentosa de su hija, a veces convertida en “látigo que agita/ tu clamorosa sangre de colmena” Ella desearía verla más bien como “remanso y mar en calma”, pero esta tensión se convierte en ingrediente esencial del libro, porque a pesar del enorme impulso vital que convierte en ocasiones a Alba en “esquiva huida” o “repentino desdén”, por encima de todo se impone el amor: “Y es mi destino amarte. Sólo eso. / Como si nada hubiera sucedido.”
La segunda parte del libro, dedicada a su hija Aída tiene un tono más sosegado, presidido por la ternura y esa reflexión desde la intimidad y la infantil indefensión: “cada día me entregas, / chorreando de luces, / un ramo de caricias, / un maduro racimo / de amorosas palabras / que tu voz deletrea, / como si, en vez de madre, / para ti fuera diosa”
Las lágrimas de la niña, la pesadumbre de sus sueños, el abandono pasajero de los amigos o los infantiles juegos a ser madre, producen una especie de maternal escalofrío, pletórico de amor. La reflexión se hace sentimiento y éste cristaliza en poemas entrañables de ricos matices: “Un fulgor, una lluvia es tu costado, / que arde tu corazón a borbotones / en un dulce fermento, y, derramándote / en esa vocación de darte toda, / te entregas generosa tal que un vino.”
La tercera parte tiene como referente a Pablo, su hijo menor, que existe por y para el amor maternal, el cual da sentido a la risa y los besos infantiles, como feliz augurio presentido “ desde el alba remota de mis días”. Detrás de la voz infantil y sus travesuras se esconde toda la inocencia del niño y esa dulzura pueril que la madre quisiera conservar para siempre : “porque sé que es fugaz la infancia, y leve / el tiempo de tus besos de canela.” El momento de máxima quietud y de ternura llega cuando Pablo, al compás de la música y los besos de la madre, se duerme en el regazo de ésta con “perfume de nido”: “Y en tanto que la música / vestía de abandono nuestro abrazo, / yo notaba tan tierno todavía, / tu silencio apoyado en mi mejilla.”
En resumen, Perfil de la inocencia, es un libro de indudable calidad, escrito desde una óptica personal e intimista que logra mantener en cada poema un excelente clima lírico.
Luis García Pérez
VERSOS DE ESCUELA, de Isabel del Rey Reguillo, Ediciones Soubriet, Tomelloso (Ciudad Real) 2.004
Versos de escuela es un poemario en el que Isabel del Rey poetiza la trascendente labor que maestros y maestras llevan a cabo diariamente en las aulas, que va más allá de la simple trasmisión de conocimientos. Isabel, poeta y a la vez educadora, sabe darle altura poética y significado a la tarea educativa de los alumnos, y lo hace con palabras firmes y sinceras, impregnadas por los sentimientos que le suscita su relación diaria con el mundo infantil. Al margen de los métodos, procedimientos o formas de enseñanza, estos Versos de escuela nos llegan con voz clara y rotunda y un mensaje repleto de anhelos e ilusiones, con los cuales es necesario afrontar algo tan importante como la formación de los niños, ese construir y modelar diarios que lentamente, pero con vocación y constancia, llevan a cabo tantos educadores.
El libro se divide en cuatro partes que totalizan veintiún poemas, cuya temática incide siempre en la labor educativa de los niños y sus factores determinantes. Más allá de definiciones y lugares comunes, Isabel nos trasmite esa emoción que una profesional de la enseñanza, como es su caso, experimenta en el trabajo cotidiano del aula, y lo hace con poemas entrañables, íntimamente vividos y sentidos, desde los primeros del libro que hacen referencia a su vocación, hasta los poemas finales, donde la autora pone todo el énfasis en lo que el educador deja tras de sí cuando el tiempo marca su inexorable final : “Antes de conoceros, mucho antes / de saber qué sonido/ produciría mi voz en vuestros nombres, / os construí en los vientos / de mi imaginación”. (…) “Y cuando ya no esté / el tiempo en mi mirada / sumándole victorias / al gozo de posarse en vuestras caras… seguirán las esquinas / de los sueños pobladas / con el germen que aventen / mis cenizas calladas”.
Entre estos extremos discurre este poemario que lleva siempre el humano acento, la cálida palabra y la extraordinaria importancia que en la vida tienen el mundo de la infancia y de la escuela, así como los valores del profesional de la enseñanza para abrir caminos y labrar libertades, con la siempre indispensable colaboración de la familia: “Si a vuestra herencia no le prepararais / en el contorno de la mesa un hueco, / si no viera que la tertulia gira / con la palabra compartida en medio, / y si en el aire de la casa no / hubiera un sitio para cada sueño, / ¿cómo podríamos levantar las aulas / sobre la arquitectura del respeto?
Isabel habla de su primera maestra y de las escuelas de ayer ( ante una fotografía de 1.924) con gran cariño y admiración, con un respeto casi reverencial por todos los que han dejado lo mejor de sus vidas en esa noble, y no siempre bien valorada, tarea de educar. Ella se siente feliz en su profesión, la engrandece y reivindica toda su importancia. No faltan los poemas para esos niños que no pueden asistir a la escuela, el que dedica a ese Niño de corazón amurallado por la tristeza o al que va de mala gana al colegio. Isabel a veces siente deseos de romper normas y fundirse con los niños : “Pero, a veces, confieso, intentaría / burlar la consistencia de las normas / y escalar con vosotros las prohibidas / alturas que proponen los pupitres. / O probar el frescor de las baldosas / haciéndome pisada de reptil, / o lanzar a escondidas por el aire / risueños proyectiles de papel”.
En definitiva, Versos de escuela es un entrañable poemario escrito desde el corazón, recomendable para cualquier lector, y de modo especial para todos los que diariamente se dedican a formar a niños o adolescentes.
Luis García Pérez
