HUELLAS DE MI CAMINAR, 1990-2.003, Manuel Mejía Sánchez Cambronero, Ciudad Real, 2.008.
Cuando todavía tenemos frescos en la memoria esa lluvia de versos dedicada recientemente por Manuel Mejía a la memoria del poeta Vicente Cano en el monográfico número 19, Colección Bibliográfica de la revista Manxa, llega a nuestras manos Huellas de mi caminar, libro en el que el poeta de Daimiel afincado en Ciudad Real desde hace ya varios lustros, recoge dieciocho temas, todos ellos galardonados en diversos certámenes poéticos a lo largo y ancho de nuestra geografía.
El libro que nos ocupa es una muestra evidente de la constancia, el entusiasmo y el interés vertidos en la elaboración de cada uno de sus versos, porque es justo reconocer que Manuel pone un gran cuidado en la composición de sus poemas medidos y calculados con rigor para que a los sonetos no les falte ningún elemento determinante del ritmo, siempre de acuerdos con las normas clásicas de la preceptiva tradicional, hasta conseguir que la estrofa salga lo más perfecta y equilibrada posible, tanto en la forma como en el contenido.
Variados y diversos son los temas que el poeta nos trasmite en este poemario: artísticos, sociales, taurinos, musicales, amorosos, profesionales, etc. Pero hemos de decir que en todos ellos, Manuel pone un acentuado sabor de cercana humanidad, poetizando aquello que más le ha marcado su vida, todo cuanto ha condicionado su diario caminar. Aquí quedan reflejados sus avatares dentro de su profesión, desde el cambio de uniforme en el Cuerpo Nacional de Policía, hasta el momento en que pone en verdadero riesgo su vida para salvar a una mujer víctima de un incendio. Conociendo a Manolo, no dudamos de que este hecho que ha llamado sobremanera nuestra atención, pueda ser real y autobiográfico.
Otras veces, su poesía nos hace cómplices de esa admiración por el arte, al pintar con la palabra lugares tan emblemáticos como los de Villanueva de los Infantes, por cuyo trabajo mereció la Investidura de la Orden Francisco de Quevedo. Y es que Mejía, ante la contemplación de un bello cuadro- máxime si se trata de una hermosa mujer- la mente y la pluma le llevan irremediablemente a reflejar sobre el papel una estampa poética, generalmente en forma de soneto, de la obra contemplada, en una simbiosis siempre agradable de formas, colores y palabras. Y esto no siempre resulta fácil. También es recurrente en este poeta el tema de la tauromaquia, con sus diversas suertes y momentos cumbres, el cual le ha hecho merecedor de varios galardones. Sin duda, no hubiera sido Manolo un mal crítico taurino, pero el destino – eso que siempre limita nuestro poder según Ralph Waldo- es siempre aleatorio y nos lleva a cada uno por distintos caminos, aunque éstos no sean los que soñamos durante nuestra infancia.
Es Manuel Vicente un poeta autodidacta que no ha recibido una formación académica de alto nivel, pero que sin duda ha leído a grandes poetas y escritores y estas lecturas siempre nos dejan en la memoria una impronta, un regusto que nos impulsa a trabajar, a imitar con nuestros recursos y con los dones naturales de cada uno a los maestros del arte, en este caso de la literatura . Estamos en unos tiempos muy cambiantes, en los que la poesía se reduce a círculos bastante reducidos y como las demás artes, si bien en menor grado , también está sometida a los vaivenes del mercantilismo editorial.
Los poemas que componen Huellas de mi caminar, se leen fácilmente por su sencillez y espontaneidad y discurren por los escenarios donde la vida del autor ha encontrado su cauce más hondo y trascendente. Toda la obra de cualquier artista es opinable, pero podemos asegurar que M . Mejía ha puesto en ella todo lo que sabe y tiene a su alcance y eso siempre es muy de agradecer. Sabemos que en sus carpetas guarda montones de poemas, infinidad de versos que están deseando ver la luz. Le deseamos mucha suerte con vistas a nuevas publicaciones y también que estas huellas suyas queden impresas en la mente de numerosos lectores.
Luis García Pérez
