INCENDIO SIN CENIZAS, de Antonio Gracía de Dionisio, Premio de Poesía “Ciudad de Puertollano, 2.006

Este vate de Manzanares está abriéndose camino en la poesía actual con un ritmo asombroso en la aparición de sus libros, ganadores todos ellos de prestigiosos certámenes de nivel internacional Buena prueba de ello es el libro que comentamos, el cual resultó ganador del premio “Manuel Muñoz”, Ciudad de Puertollano en su X edición.

En las cuatro partes que configuran este poemario- Edad, Pirámides, Vieja dama y Voces_ se respira bajo distintos puntos de vista ese dolor elegíaco debido a la pérdida del poder de la palabra como signo y de tantas cosas que vamos perdiendo en esa desacralización de la existencia y la consiguiente derrota de la virtualidad de todo cuanto tuvo esa magia del deslumbramiento o la capacidad de convertir en realidad los sueños, lo que podría parecer una contradicción, dado el proceso de aceleración de la historia en el campo de la revolución tecnológica. Pero es precisamente las cosas que dejamos bajo la capa del olvido, aquello de lo que sólo nos queda la nostalgia lo que nos conduce a la autodestrucción total, sin el rastro de la ceniza como prueba de que algo existió y late todavía en la conciencia humana. Y el poeta expresa con un lenguaje poético y preciso, siempre bien elaborado, que terminaremos por no reconocernos a nosotros mismos y todo vestigio será pasto de un completo nihilismo que vendrá a ser el vértigo de la escritura en lucha constante con el olvido que acabará desheredándonos de todo cuanto amamos y fuimos: “Todo se derrumba, en ese límite que el silencio/ impone-como precio o dolor-, / a esa palabra que a punto está de dominar el día”

La palabra, esclava de su propia muerte, el arco que lanzó el mensaje de la flecha o aquello fugitivo que estuvo a punto de ser misterio compartido, constituyen los extremos de ese incendio que no deja señales, porque: “Bordeando el compromiso de lo inútil/ la palabra cierra la noche/ como un pregón inexistente” Y es que para A.G. nos resultará prácticamente imposible- aunque lo intentemos a través del tiempo- rescatar las huellas que dejamos en los caminos ocultas para siempre en los cauces del silencio. Asistimos, por tanto, a una ingente y permanente pira que trasformará todo en relieves prohibidos.como suma de vacío y tiempo: “Nada queda, porque todo es desde el principio, / memoria arrancada a ese tiempo imprescindible,/ que sólo existe para crearla. En esta macrometáfora se mueve todo el poemario. Por eso la historia, no es sino un infinito laberinto, una gran pregunta en la que todas las cosas se convierten en interrogantes, porque la luz nunca viene a volcarse sobre nosotros ni tenemos balcones para asomarnos a la luz exacta de las cosas.

Realmente es una novedosa manera de concebir y recrear un microcosmos poético que a pesar de la desolación total, nos deja el sabor agridulce mientras se produce esa consumación del incendio, a través de poemas esotéricos plagados de bellas imágenes, como sucede en el titulado “En el lago: “Queda Todo en atrapada veladura/ como algo ajeno a la mirada que busca,/ y nace un sonido o música como caricia/ que envuelve embriagadoramente los cuerpos, / desoyendo el atrevido pulso del corazón.”
Muchas y ricas variantes se producen en la macrometáfora de este incendio, cuyo análisis rebasaría las limitaciones de este breve comentario. Sin duda, Antonio ha logrado cautivar la imaginación de los lectores de este libro que hubiera necesitado un mejor cuidado en su edición.
L.G.P.