LA EROSIÓN Y SUS FORMAS (antología 1986-2.006), Pedro Antonio González Moreno, Ediciones Vitrubio, Madrid, 2.007
Con el número 134 de la colección Baños del Carmen, acaba de ver la luz La erosión y sus formas, del poeta Pedro Antonio González Moreno, que recoge nada menos que veinte años del quehacer poético del poeta de Calzada de Calatrava, con una selección de sus cuatro libros publicados hasta el momento: Señales de ceniza, Pentagrama para escribir silencios, El desván sumergido y Calendario de sombras, todos ells con la vitola de otros tantos premios de reconocido prestigio. Al final de la Antología se incluyen cuatro poemas inéditos hasta el momento, dedicados a cinco escritores manchegos.
En un extraordinario y atinado prólogo, el escritor y crítico literario de Villarrubia de los Ojos, Francisco Gómez Porro, nos da las claves para que el lector pueda introducirse en el apasionante universo de la poesía de Pedro Antonio: “Este paisaje poético presenta tres elevaciones destacables: Una, la de mayor espesor simbólico y potencial metafórico, y en cierto modo la más clásica, es la que deriva de la vida como búsqueda, como viaje (…) Otra, la certeza o el presentimiento de que esta prospección sólo conduce a la metáfora de su acabamiento(…) Y por último, una tercera cima sería aquella que privilegia al poema como objeto final de cualquier exploración del pasado…”
Hay un primer momento de expectación ante el deslumbramiento de la luz, de un advenimiento desde el origen para ir paulatinamente desembocando en una metafísica de la frustración y el desengaño: “Desde la altiplanicie de tu sueño, / desde el bajorrelieve de tu cuerpo/ esculpido en la luz, / acaricio esa atmósfera irrompible/ de sirenas dormidas…”
En principio se produce una búsqueda incesante del poeta con vocación de arqueólogo, no para la autocomplacencia en las raíces primigenias emergentes, sino para iluminar mediante la palabra todo el andamiaje objeto de la contemplación. Es así como González Moreno llega a metabolizar toda la belleza cosmológica de la mujer a través de “ríos interiores”, “sinfonías de lluvia”, “zarzas de nieve”. Pero, a diferencia del místico que se funde en ese gozo genesíaco, ahora asistimos a un desasosiego metafísico, a la contemplación de un universo muchas veces absurdo y polisémico en el que todo está en función de la belleza, que camina hacia la destrucción , hacia el olvido. Son los efectos de la erosión del tiempo, que bajo diversas formas conducen al vacío: “Qué difícil será / repoblar el espacio de tu olvido”
En Pentagrama para escribir silencios, dentro de ese peregrinaje poético, se produce cierto cambio de rumbo. Aquí la contemplación se hace búsqueda y se acentúa el tono elegíaco, tal vez como desengaño vital de una generación que ha sepultado la auténtica felicidad, sustituyéndola por una prepotente vanidad sumida en una especie de modorra.: “Busco ese dulce territorio donde diosas y aves se amen bajo cascadas de
silencios y lava”. El poeta se resigna a perder definitivamente el paraíso de la infancia y el poema encuentra su plenitud, su hermenéutica en sí mismo.. Para acceder al misterio hay que seguir caminos ignorados que no son otras que las sendas de la desposesión. El poeta- como Cernuda-no espera nada: “Tanta luz para qué. Nadie busque en mis ojos/ ramilletes de aurora: sólo pueden/ reconocerse en las tinieblas.. Asistimos a una visión fatalista y apesadumbrada de un universo que se desmorona y con él, el hombre y la cultura. Sólo la belleza puede ser motivo para la esperanza: “Acércate a este gozo final del precipicio/ y salta/ que es tiempo todavía/ de abrazarnos al vuelo de los últimos pájaros.
Claramente se interfieren, de un lado la visión romántica y apocalíptica de innata rebeldía, con otra más humanística en la que todavía hay un hábitat donde resguardarse .
de tanta intemperie.
En El desván sumergido, el lenguaje se torna más conceptual y barroco, la expresión poética parece despojarse del ritmo trepidante y de la carga erótica de poemas anteriores para buscar un ritmo más reposado .El agua y la luz actúan como elementos metafóricos que vertebran todos los objetos para dar cabida a las obsesiones del poeta que ahora, más que nunca encuentra en la palabra, desprovista de cualquier ornamento inútil, el cauce ideal para expresar sus obsesiones. Más que un lugar, el desván es un estado permanente del alma del poeta, y la palabra, la huella que queda de las cosas después de su desaparición.. Este ocaso es inevitable y sólo queda la impotencia de asistir a la consumación del desenlace, en una especie de acatamiento vital y resignado de la propia muerte, después de que asistamos a una sinfonía orquestada por los elementos de la naturaleza…
Si tuviéramos que resumir en pocas palabras la poética de P.A., diríamos que en esa búsqueda constante para conciliar pensamiento y expresión, destaca el sentido de pérdida de las cosas y un distanciamineto de la realidad que hace posible el recurso a la memoria desde una doble vertiente: la afectiva y loa reflexiva con un desdoblamiento del propio lenguaje que desborda sus propios límites para elevar los temas tratados al misterio de lo sagrado en el que vierte toda su angustia y su soledad ante la muerte, desde la que nos trasmite una realidad que cobra vida en sí misma y le sirve de refugio para huir de la muerte poética.
Calendario de sombras es el libro en el que mejor se percibe la invitación del poeta a adentarnos , a través de la imaginación en un universo que aparece ahora más humanizado y en el que la memoria parece encontrar pleno sentido: “ Y si de pronto le faltara, si / un día le faltara la memoria/ que le da forma y lo sostiene, el cuerpo/ iría, hueso a hueso, derrumbándose”…
A través de un sistema de signos- la piedra, la rama, el espejo, la savia, etc- el poeta, que se considera un ser solitario, intenta aproximarnos un sentido total en el que se enmarcan raíces telúricas, siempre resignado ante lo mistérico, aunque con un tono elegíaco ante lo imprevisible de la naturaleza: “¡Qué vacíos los nombres de las cosas, / qué tormentas de truenos sin relámpagos, / qué oleaje sin agua, qué pájaro sin aire..”
