Mientras haya un globo, Isabel Jiménez Romero, Ediciones Intuición, 2.008

Antes de nada, tenemos que decir que el libro que nos ocupa es la primera obra que publica Isabel, una mujer que nació para ser madre y poeta, espejo donde puede mirarse, sin temor a ver su imagen distorsionada, la juventud de nuestra sociedad actual y de siempre, desviada tantas veces del camino que buscan incesantemente por cantos estridentes de sirenas egoístas. Isabel Jiménez tiene, sin embargo, muchos y ricos versos en su haber, relatos, cuentos y muchos proyectos que todavía no ha podido llevar a cabo por diferentes motivos.

El título, como sucede casi siempre, no puede abarcar todo el contenido que encierran sus cuarenta y nueve poemas, además de un prólogo y una declaración de intenciones A modo de cuento de la autora. Se trata de un libro escrito para niños, pero que también puede leer cualquier adulto que tenga la suficiente sensibilidad para hacerlo, siempre que estemos dispuestos a embarcarnos en ese viaje de la fantasia, la ternura y el encanto que rezuman cada uno de los poemas.

La portada es ya ilustrativa de esa entrañable mirada con la que Isabel contempla el mundo de la infancia, pues es la fotografía de un cuadro pintado a óleo al que se asoma la mirada de un niño a quien la naturaleza, por algún error inexplicable regaló un gen que sobraba. La contraportada es un caligrama dispuesto de forma muy original: “Fresquito como una tarde adormilada de lluvia;/ una seda de arco iris enlazando tierra y cielo; / la montaña azul, refugio del viento…”

Los títulos de los poemas –El niño, problema sin resolver. Princesas son las letras. El lienzo de la escuela. Los bichos de Ulises. Niños de espuma. Pajarito sin alas. La hojita de otoño. Desde mi atalaya de adulto…- tienen el denominador común de la sinceridad, la belleza y una emoción palpitante que crece y crece hasta hacernos reflexionar sobre la vida misma y el mundo de la infancia que es el oficio más hermoso: ser niños y jugar a serlo dentro de la escuela. Página a página vamos descubriendo una especie de brisa fresca en la que se perciben desde juegos y ecos de canciones populares en estrofas de arte menor hasta páginas de prosa poética escritas con una exquisita pulcritud. Cada poema es como un pergamino que podría colgarse en cualquier aula infantil y aprovechar su contenido como material curricular para multiples actividades, porque el léxico de los poemas viene estructurado para cualquier ciclo de la etapa de enseñanza primaria.

Mientras haya un globo es un libro que ha nacido del trabajo que la autora ha desarrollado con los niños, de las experiencias obtenidas al narrarles cuentos y de esa sabiduría para captar la atención de los pequeños, y de su capacidad para deslumbrar y despertar el interés cuando la palabra llega a ellos cargada de sensaciones multiples : colores, formas, sonidos o el primor de la naturaleza; el sol, la lluvia, la luna, las diversas horas del día se van impregnando de connotaciones poéticas, y lo que puede parecer rutina en los deberes cotidianos de una niña se trasforma en gesto de aprobación, lúdicas caricias, es decir, materia poética. Y los profesionales de la enseñanza sabemos muy bien que mantener la atención de los niños sin que ésta se disperse, resulta muy difícil. Isabel Jiménez ha conseguido crear esa atmósfera feliz de ensoñación, como si fuera sembrando palabras que al tocarlas se convirtieran en estrellas.
También se puede advertir cierto trasfondo social en algunos poemas, porque I.J. conoce muy bien que no todos nuestros sueños y buenos deseos se cumplen y el amor que ella ha puesto en este poemario no siempre da los frutos apetecidos.

Otro acierto indudable son las ilustraciones de los poemas, realizadas por los niños y niñas, que vienen a representar la concepción mas sincera de ver el mundo que les rodea: la familia, el colegio, los amigos, el campo. las flores, etc. Isabel también ha tenido la gentileza de ceder su palabra a una niña para que exprese su amor maternal en una poesía tan sencilla como emotiva.
La edición es discreta, pero ya sabemos que nadie con sus propios medios puede competir con las grandes editoriales que eligen a sus escritores preferidos, adaptadores y dibujantes y además cuentan con medios técnicos extraordinarios, porque así lo exige el mercantilismo y la competencia.

Luis García Pérez.