POEMAS PARA UNA VOZ SIN NOMBRE, Antonio García de Dionisio, Finalista del XII Premio de Poesía “Encina de la Cañada” (Madrid) 2.005

Los que conocemos la trayectoria de Antonio García, hemos ido viendo con satisfacción la ascendente evolución en la poesía del vate de Manzanares, que ha merecido ya el reconocimiento de varios jurados en prestigiosos premios como el “Pastora Marcela de Campo de Criptana, “Amantes de Teruel” “Ciudad de Puertollano”, premio Manuel Muñoz, por citar sólo algunos ejemplos.

Poemas para una voz sin nombre es un libro que estructuralmente consta de un poema preludio “Cruzaste por el mundo”, dos partes más extensas: “Memoria del hombre” y “Laberinto y duda”; finalmente el libro incluye “Epílogos” con los tres poemas finales.
El poema introductorio, aunque no sea una verdadera declaración de intenciones, sí nos pone en situación o punto de partida para entender muchos de los poemas del libro, revestidos únicamente de una sorprendente esencialidad, de una desnudez desprovista de todo hueco retoricismo. El autor se reviste en su diario caminar con el equipaje de la duda existencialista, sabiendo que no sólo detrás de la frontera de la vida puede encontrarse con la derrota del olvido, sino también en cada uno de los momentos o periodos de esta humana singladura que obligatoriamente hemos de transitar: “Y tú aquí perdido entre los perdedores/ Amarrado a la sombra de la vida como el águila en su vuelo/ Esperando nacerse de la nada/ Tantas veces como tu nombre sea olvidado”.
Antonio elige como cauce expresivo más usual el versículo libre o la prosa poética. Y ya desde el comienzo del libro mantiene una actitud de libertad sin ataduras por medio de cláusulas antitéticas como la libertad de “la palabra encerrada en la cárcel de un soneto”. Y esta libertad le lleva en ocasiones a alejarse de la realidad palpable “para que nadie sospeche que soy libre”. Se puede deducir que el poeta es lo contrario del mito, en el sentido de concebir la poesía como la creación de mundos paralelos para contemplarlos al margen de la realidad que nos rodea . Y en cualquier momento de la vida, aunque sea insignificante puedes darte cuenta de que eres “La anulación del mito” Además para el poeta el paso del tiempo nos sorprende con frecuencia cuando vamos en pos de esas utopías en las que algún día creímos.
El poeta se burla también entre irónico y resignado de esas cosas que tanto preocupan a los hombres posmodernos para buscar la piedra angular: “Busco el color que hable un idioma perdido/ La razón de una vista cansada de miradas detrás de las miradas…”
En definitiva, el poeta recorre un laberinto de incertidumbres, todo lo que, desprovisto de lo accidental, pueda responder a sus interrogantes a través de “Un signo que no conozco aún”, porque siempre se mueve en los dominios del misterio.
Resumiendo, estamos ante un poemario profundo, alejado de viejos tópicos y cuyo hermetismo nos hace reflexionar sobre la condición humana.

L.G.P.