POR LAS ESTELAS DEL RECUERDO (Cuentos de ayer y de hoy), de Ana Moyano, nº 1 del fondo bibliográfico, Colección Caja Rural de Ciudad Real, 2.004
El libro que nos ocupa está compuesto por nueve relatos breves que su autora divide en dos partes. Los cuatro primeros( El señor Martín, ¿Le has visto?, El Tílburí, y La primera comunión) pertenecen al apartado de “Cuentos de ayer”, mientras que los otros cinco ( El tren y el progreso, En el cielo de mi pueblo hay otra estrella, Por primera vez sintió paz, El abuelo y El animal herido) corresponden al segundo apartado, y se sitúan en un tiempo más cercano al lector.
Por las estelas del recuerdo constituye un muestrario de vivencias con las que los lectores de cierta edad pueden sentirse más o menos identificados, puesto que vienen a ser breves pinceladas o estampas de la vida social de una época que dejó sus huellas, como le sucede al Sr. Martín que evoca, en medio de la deprimente soledad y cuando la vejez le hace ya abandonar su amada tierra con un par de maletas como único equipaje, aquel otro momento- en una mirada retrospectiva y frustrante- en que regresaba feliz al pueblo porque la guerra había terminado; pero sus proyectos se ven truncados al no poder construir un hogar, puesto que su novia se había ya casado. Toda su vida estará ya marcada por la tristeza, la soledad y la rutina cotidiana. Esta pequeña tragedia humana refleja la intrahistoria de una sociedad que tuvo que sufrir no sólo los estragos de la guerra en sí, sino que marcó y condicionó el futuro de muchas vidas rotas.
Todos los relatos están escritos con una prosa ágil, sencilla y a la vez poética. Nada de hechos extraordinarios, narraciones oníricas o héroes de leyenda. Todo lo que encontramos en el libro ha podido, perfectamente, ser real. Luisa, la labradora que ya no necesita atar la burra a la noria para regar; Teresa, Tomás, Ángel, que regresa de la emigración a la aldea para casarse con Luisa, con el paso del tiempo reflejado en su físico y un coche muy bonito; Laura “la Tinajilla”, la niña que va a hacer su primera comunión y demás personajes de otros cuentos son los protagonistas de historias completamente verosímiles y viven situaciones impuestas casi siempre por el devenir del tiempo y todas sus circunstancias.
Ana conoce muy bien el ambiente,- casi siempre rural- las costumbres, los objetos( como el famoso “tílburi” que da título a uno de los relatos), las viviendas y el modo de ser del alma campesina y lo refleja con indudable acierto.
La segunda parte supone un pequeño salto en el tiempo, hacia el progreso, pero el estilo y las técnicas narrativas son similares a las empleadas en la primera parte. Cambian las circunstancias: “Pero los tiempos avanzan y nos traen cosas mejores, aunque nos arrancan los recuerdos, los olores… ¡Y nos han quitado la estación!…” El primero de estos relatos- El tren y el progreso” tiene bastante de autobiográfico y presenta una importante carga emotiva. Los que conocemos a Ana desde hace ya muchos años podemos dar fe de ello. También en el segundo relato de esta segunda parte, En el cielo de mi pueblo hay una estrella se mezcla la realidad de la protagonista con lo maravilloso. No es el caso de comentar el argumento de los restantes relatos, porque invadiríamos el terreno que pertenece al lector. Todas las pequeñas historias tienen un atractivo encanto, que va de lo intimista a lo trágico, con un perfecto dominio de la psicología de los personajes y de los hilos del relato, expresado todo ello con una prosa realista y bella a la vez, llena de evocaciones y vivencias que, sin duda alguna enganchan al lector.
L.G. P.
