I.- A MANERA DE PÓRTICO

“Si en tu alma
floreciere el Amor,
es que ha llegado
la primavera de Dios”

M. Rojo.

I

Dios es música afable de vivos pentagramas,
fragante melodía que invade los sentidos
y nos llama a su lado con voz acariciante
y una inmensa ternura que se adentra en el alma
cual jazmines floridos en la tarde apacible.
Lleva su partitura el amor derramado
trigalmente en los surcos de esta arcilla doliente
y el aroma exquisito de las flores perennes.

Él es tibia caricia de una lluvia amorosa
que destrenza las sombras para hacerse arco iris
entre pétalos nuevos de un jardín delicioso
donde el sol ilumina la campiña soñada.

Vas dejando, Señor, en mi humana retina
resplandores inéditos de inefables moradas
y es tu voz caracola por tus mares de asombro.
Yo no tengo palabras que puedan definirte,
pero quiero encontrarte en las cosas sencillas,
en las cosas humildes que bendicen tu nombre
y traspasan la brisa con afables cantares.

Tu presencia es un río de caudal trasparente,
que penetra en mi ser con divinos arpegios
del concierto infinito que invade mis sentidos
porque lleva en sus notas el lenguaje más puro
de las flores y frutos de un vergel prodigioso.

II

Cuánto amor en tus ojos, cuánta lluvia en tus manos
para esta sed cautiva en humanas parcelas
que anhelan la presencia y constancia del agua
en los duros rigores de implacables estíos
que nos dejan la tierra cuarteada y sin brío
por los vientos mundanos que recorren las noches
y los días opacos de gris indiferencia.

Ven temprano a estos surcos a sembrarnos palomas,
a borrar las heridas de un cansancio aterido,
a alegrar la tristeza de los niños sin nombre
y a dejar en la brisa la paz que no sabemos
cosechar en la tierra de tendencias mundanas.

Tu voz es el poema que quiero aprender pronto,
porque la claridad vendrá siempre del cielo
como una profecía de luz inextinguible
entre acordes divinos que deshacen las sombras
en una apoteosis de violines y alondras.

Quiero llevar mi corazón mojado
en la viva corriente de tu río,
quiero sentir el suave escalofrío
de tu latir divino en mi costado.

Quiero dejar mi tiempo deshojado
en la savia vital de tu rocío
y empujar a tu puerto mi navío
con tu viento de amor eternizado.

Mas no puedo avanzar sin tu caricia,
sin tu ayuda divina que propicia
ese vuelo final hacia otra esfera.

Necesito tu gracia salvadora
para ver el regazo de tu aurora.
Yo no puedo llegar de otra manera.

QUE ALEGRÍA PODER LLAMARTE PADRE

Tu corazón de nardo enamorado
acoge con amor al Universo
y en esta humana tierra cuarteada
vas lloviendo tu mágico aguacero
para que demos frutos abundantes
siendo nuestra campiña en tu tempero
la tierra para espigas futuribles
de ese pan para todos con tu aliento
sobre el mantel redondo de una mesa
que reparta el amor en blancos besos.

Tú repartiste el pan de Eucaristía,
ese pan cotidiano, el alimento
que pedimos con fe para que el Orbe
recite siempre el mismo Padrenuestro,
el que nos enseñaste con palabras
de luminosa voz, el alma adentro.

Qué alegría poder llamarte Padre,
hermano, amigo, siempre compañero
por esta singladura de la vida
donde Tú eres el místico lucero,
que alumbró para siempre nuestra sombra
al predicar un mandamiento nuevo.

No podía ser otro tan dichoso,
no podría ser otro más excelso
que el amor sin medida en todas partes
ese AMOR con mayúsculas, fraterno.

Nada nos faltará si estás presente
Tú, Padre providente, Padre eterno.

DESDE TUS PRIMIGENIOS HONTANARES
donde brotan tus místicos veneros
de la nieve no hollada todavía
llegan hasta la vida manantiales
de ese fúlgido amor que nos profesas
desde toda la rosa de los vientos.

Eres el manantial que no se agota,
la constancia del agua trasparente
en germinal concierto, el agua viva
que descubriste a la Samaritana
cuando tu sed, tal vez nuestros errores,
ya te hacían sufrir por los caminos
del desamor humano. Proclamabas
la salvación, tu cálido evangelio
como divina llama inextinguible
para el gélido invierno de las almas
que se alejan de Ti por los caminos
que este mundo les marca cuando el hombre
quiere ser suficiente por sí mismo.

Y sin embargo, tu Misericordia
lleva siempre el perdón luz de tu faro
para arribar felices en tu puerto.

“Dios comprende el sufrimiento humano como una madre a sus hijos”

El Papa Francisco

DESDE TUS BALCONADAS

Te presiento, Señor, cada mañana
cuando llamas solícito y dispuesto
a que escuche tu voz en interiores
de mi alma anhelante. Te me acercas
y me dejas señales evidentes
igual que Pulgarcito a sus hermanos
llenaba de miguitas el camino.

Desde tus balconadas de la tarde,
Tú me tiras chinitas y me dices
que te encuentras muy cerca, que te escuche
porque quieres mi dicha en el encuentro
que busco cada día. Pero a veces
me alejo del camino, me extravío
por otra senda errada que los hombres
trazamos al capricho de estos vientos
que corren a diario y están lejos
de los valores que nos enseñaste:
la familia, la vida, siempre hermanos
sin distancias, barreras, sin olvidos.

Y desde tus balcones luminosos
me vuelves a mandar nuevos mensajes
como si fueran notas para citas
a las que acudo con la confianza
que me da tu presencia soberana.

“La tarde son tus ojos protegiéndome mucho.
El campo, tu ancho y tierno corazón derramado”

Dios en voz baja. V. Arteaga.

SOMOS DE ARCILLA FRÁGIL

Esta arcilla que quiebra y resquebraja
necesita el calor de tu presencia,
el horno que nos haga a tu medida
siendo Tú el alfarero de este barro
que tantas veces marcha por la vida
sin vislumbrar siquiera tu horizonte.

Pero la fe nos lleva lentamente
hasta las latitudes del amor.
¡Ay qué difícil!
encontrarte por todos los caminos
acaso disfrazado de top manta,
del padre que mendiga su trabajo
o la joven que vino de muy lejos
en un viaje engañoso hasta la orilla
del brocal de la noche más oscura.

Y sangran las palabras como heridos jazmines
al contemplar los ojos, cual brasas apagadas,
de los niños que nunca disfrutaron
de un juguete en sus manos,
sin nanas ni caricias maternales
para mecer sus sueños de futuro,
tronchado como lirio de amargura.

II.- GLORIOSO ADVENIMIENTO

“La Palabra se hizo Hombre y acampó entre nosotros”

Jn. 14-15

DIOS SE ENCARNA EN EL SENO DE UNA VIRGEN

( La Virgen María en el plan salvífico de Dios)

LLENA DE GRACIA

En la humildad de Nazaret vivía
la Flor que el Jardinero contemplaba.
Con cuánta complacencia cultivaba
la intachable pureza de María.

El Arcángel glosó la profecía
y el fiat de María se elevaba
como estela de sol que proclamaba
la presencia de Dios en Teofanía.

Ya esclava del Señor, de gracia llena,
serás de Dios incólume patena,
manantial de la luz, alondra en vuelo.

En ti renace toda la esperanza,
la promesa feliz de la alianza
que nos une la Tierra con el Cielo.

BENDITA ENTRE TODAS LAS MUJERES

Tú la mística rosa, la elegida
desde la eternidad: Tú la más bella
entre todas las flores, la doncella
preservada por Dios, gacela herida.

Novicia del Esposo, amanecida
donde pone El Amado blanca huella,
cangilón de humildad, hermana estrella
que llenó nuestras ánforas de vida.

María, Madre nuestra, intercesora,
humaniza esta selva cotidiana
para lograr al fin en esta hora

nuestra fiel estatura más hermana.
Arranca el desamor, gentil pastora
para que brille Dios cada mañana.

BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE

Eligió el Sembrador la sustantiva
parcela virginal con gran esmero,
la colmó de su savia, fiel venero
para plantar su vid definitiva.

Campiña arrodillada, receptiva
del cepellón divino en reverbero,
albergue del blanquísimo Cordero
en la misión suprema redentiva.

Nos enciende luceros la alegría,
la divina ternura se hace hoguera,
la Tierra es una blanca melodía,

la brisa celestial se hace palmera
y Belén es radiante Epifanía
para una inextinguible primavera.

Si el amor en la familia falla, sin duda alguna, el desamor también anidará en la sociedad.
Autocita

DIOS CON NOSOTROS

Qué hemos hecho nosotros
para verte nacer en esta Tierra
que gira a contra ola tantas veces
de espaldas al amor de tu presencia.

Qué hemos hecho los hombres
para que brille Dios en la conciencia
como jazmín que siembra la esperanza
y con su luz deshace las tinieblas.

Qué hemos hecho nosotros pecadores,
si ya no poseemos la inocencia
que anidó en nuestras almas infantiles
cuando el tiempo era siempre primavera.

Cuáles son nuestros méritos,
dónde está el rosetón de la belleza
si no somos capaces a diario
de abrirte para siempre nuestras puertas.

Pero hoy quiero decirte que te quedes,
a vivir con nosotros desde ahora,
que la tarde también está cayendo
camino de Emaús.
La noche cerca
nuestros predios de amor hoy ateridos
cuando estalla de pronto la tormenta
y el miedo nos recorre nuestros pulsos
dejándonos un mundo sin respuestas.

Quédate para siempre con nosotros,
porque tu compañía nos alegra
como alegra a la tierra resentida
el aguacero fiel que la alimenta.

VIENES CON LA HUMILDAD EN TUS PUPILAS
para sembrar la paz entre los hombres,
para aplacar la sed de los que sufren
olvidos y distancias abismales;
para cambiar el rumbo de la historia
con tu palabra, verso eternizado.

Acaso tu primer vagido fuera el llanto
por todos los que sufren abandonos,
el lastre de las guerras inhumanas,
la miseria en sus ojos abatidos
lo mismo que dos brasas apagadas.

Acaso fuera el llanto ese poema
que hubiera sido más que suficiente
para salvar al hombre, pues tus actos
traían los poderes del Altísimo.

Por qué entonces la cruz de tu calvario
si una lágrima tuya bastaría
para esa redención de todo el orbe;
pero tu amor quiso volar tan alto
que ofreciste tu sangre preciosísima
para el pacto de amor definitivo.

Desde su altura infinita,
Dios adopta forma humana,
acampa en nuestra besana
y su flor no se marchita.

Autocita

NO VIENES COMO UN SER EXTRATERRESTRE,
como algo ajeno al gesto de lo humano,
sino trayendo al mundo los mensajes
del perdón y la misericordia.

Y puedo hablar contigo, lo mismo que si hablara
con un amigo fiel. Puedo escuchar las notas
del concierto apacible que tus dedos
pulsan con maestría desbordante.

Qué amable cercanía: Mesías, Salvador,
Emmanuel, Redentor y Cordero,
Cristo, Nazareno, Pastor Bueno…
los nombres que Fray Luis iluminaba
por su entrañable tierra salmantina.

Y vienes a nosotros por obra del Espíritu
a vivir al calor de una familia,
la Sagrada Familia que te acoge
para verte crecer en santidad,
gracia y sabiduría
ante Dios y los hombres.

Si Tú te humillas tanto,
si tu divinidad vino a encarnarse,
será porque aún esperas de nosotros
los frutos abundantes que has sembrado
sobre la faz del mar y las estrellas,
sobre la faz del hombre que creaste.

Llora Dios en su porfía
y su llanto es un desgarro
para que nazca del barro
más caridad y armonía.

Autocita

NAVIDAD ES UN RÍO DE ALEGRÍA
para esta tierra nuestra mancillada
por tanta sed de amor desvencijada
en la desolación de cada día.

Nace Dios como dulce sinfonía
en medio de la noche arrebolada
y nos deja en la flor de su mirada
la ternura de su filantropía.

Una estrella nos guía hasta su cuna,
pesebre humilde de candor y gloria
para la luz más firme y oportuna.

La paz más esplendente de la historia
brilla en la Navidad como ninguna
y se graba, indeleble, en la memoria.

“Cada vez que nace un niño, nos trae el mensaje de que Dios aún no ha perdido su confianza en los hombres”

R. Tagore

EN NAVIDAD LA VIDA NOS DECORA
su plenitud perfecta sin medidas,
las luces de la fe más encendidas
cuando el alma se explaya y enamora.

Hoy nos brilla la gracia salvadora,
una paz inefable en nuestras vidas,
aquellas realidades desprendidas
del corazón humano, aquí y ahora.

Y todo se trasforma en los paisajes
del misterio sublime y prodigioso
con perfumes de estrellas y de rosas,

porque todo regresa a los parajes
de un mundo de emociones, delicioso…
y Dios está muy cerca de las cosas.

“La fe se hace verdad en el amor”

Benedicto XVI

CUANDO UN HIJO NOS NACE

Si cuando nace un hijo, la alegría
nos desborda los pulsos de la sangre
y el corazón y sus alrededores
se cubren de fragancia deliciosa,
cuánto mayor será este regocijo
al celebrar la Navidad del gozo,
si es el Hijo de Dios quien nos visita
en humilde portal. Viene a salvarnos
y habita entre nosotros como verso
del poema universal perfecto
en esa plenitud que es armonía
destrenzada en campanas luminosas.

Yo no puedo, Jesús, hallar palabras
para expresarte toda la alegría
que el alma experimenta cuando puedo
contemplarte en un Niño humildemente
hecho Amor entre el heno de un pesebre
y al mismo tiempo flor de Eucaristía
para poderme unir en un abrazo
con tu divinidad resplandeciente.

Por eso yo no encuentro villancicos,
ni instrumentos ni música exquisita
para cantar la gloria de este encuentro.
Pero el alma se alegra y regocija
y canta como trino desbordado.

“No hieras a la mujer ni con el pétalo de una rosa”

Proverbio chino

LA FAMILIA ES EL VERSO MÁS HERMOSO

Nacemos en el seno de una familia unida
por vínculos de sangre con el amor regando
los jardines del alma que se adorna y alegra
con los padres, los hijos y las ramas adjuntas
que van multiplicándose del árbol más frondoso.

Tú elegiste, Señor, también una familia
para hallar en la Tierra los vínculos sagrados
de ese amor necesario que en la vida se explaya
como una melodía de amor inextinguible.

La Sagrada Familia fue tu casa bendita
que te vio florecer como nardo impoluto.
Y aunque Tú eras el fruto del Espíritu Santo,
san José y María juntamente te acogen
como al Hijo Unigénito de Dios, excelsamente.

Y por ser semejante a esta humana andadura
padeciste la huida, padeciste el exilio,
la amenaza inminente de enemigo malvado.
Y fuiste un emigrante sufriendo por nosotros
lo mismo que sucede en estos tiempos nuestros
donde los hombres huyen y las familias huyen
del hambre y de las guerras que asolan sus países.

Y tú también suplicas hablándonos a todos
para ser solidarios y ayudar a estos pobres
que sufren la inclemencia de un tiempo de hojarasca,
porque el amor fraterno que tú nos enseñaste
tiene que estar presente sin tiempo ni medida,
pues esta Tierra misma a todos pertenece
y debe ser de todos, aunque las realidades
de ser todos hermanos parezca una utopía.

III.- TU DIVINO MENSAJE

A pesar de los avances en las técnicas de la comunicación, sucede que en ocasiones apenas nos comunicamos, y no hablamos con Dios todo lo necesario, aunque no precisamos ni el móvil ni internet para poder hacerlo.

Autocita

UN BESO DE LA LUZ ES TU PALABRA

Cuando el beso de Dios nos ilumina
esta frente de arcilla prisionera,
un fulgor de radiante primavera
resplandece en el mar de la retina.

Cuando Dios se hace alondra matutina
y ensaya su canción a nuestra vera,
un clamor de apacible sementera
se apodera del alma peregrina.

La caricia de Dios cuando amanece
nos traspasa el umbral de la conciencia
y el corazón de gozo se estremece.

El alma, deslumbrada en la experiencia,
al tiempo que en la tierra nos florece
sólo busca el fulgor de su presencia.

“Ninguno de nosotros es cristiano por pura casualidad”

El Papa Francisco

DIOS NOS HABLA DE MÚLTIPLES MANERAS

Tu voz, Señor, es una melodía
que invade lentamente mis sentidos
penetrando en el alma mansamente.

Tienes en tu palabra compasiva
un timbre claro, siempre inconfundible,
un fulgor impoluto de jazmines,
un perfume de orquídeas y violetas
que se adentra en el alma lentamente
para encender hogueras en el pecho
y arracimar mil rosas en los labios.

La vida se estremece con tus cítaras
igual que los almendros florecidos
que en los albores de la primavera
se visten de primera comunión.

Tensas tus pentagramas de armonía
sobre nuestra conciencia receptiva
y sueles insistir hora tras hora
si nuestra distracción por los senderos
no te presta atención en el instante
de tu primera ofrenda susurrante.

PONGO EN TI MI CONFIANZA

Aunque el ruido obstaculice
tu voz en la madrugada
y el mundo ponga en el viento
la voz de sirenas falsas,
apaga Tú mis oídos,
que he de escuchar tu palabra,
llevarla escrita en mi frente
como una bandera blanca
que no entienda de partidos
ni de ofertas de rebajas.

Aunque el ruido de las calles
quiera apagar tu semblanza
y lleguen los mercaderes
con promesas inventadas,
quiero seguir escuchándote
en el trabajo, en la casa,
durante el tiempo de ocio
o en las horas de honda calma.

Aunque este trasiego humano
se acerque con sus proclamas
para ofrecerme conquistas
de innumerables ventajas,
deseo estar a la escucha
de tus mensajes, que hablan
sólo de amor y de paz,
de la justicia más clara.

Y si mis pasos se tuercen
y me crece la distancia
de tu voz clara y rotunda,
dame Tú la fuerza innata
para volver a tu senda
donde habita mi esperanza.

“Su rostro brillaba como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto vieron a Moisés y Elías que conversaban con Jesús…”

Mt. 17, 2-3
¡ BIENAVENTURADOS!

Qué será de mi árbol, ya cansado,
cuando al final del tiempo me desvele
los senderos que he abierto por la vida
con toda la evidencia ante mis ojos.

Ayúdame, Señor, para que pueda
ser algún día bienaventurado,
conforme a ese Sermón de la Montaña,
el cántico sublime que resume
tu doctrina de amor inmensurable
más allá de esta orilla, cuando vengas
a cumplir tus promesas indelebles
y nos llames con nombres de ventura
o plenitud de todo lo esperado:

Dichoso aquel que anhele la justicia
que no siempre se encuentra en esta vida.
Dichosos los sedientos de tu nombre,
porque nunca tuvieron ni el amor ni el cobijo
ni siquiera estrenaron el traje de la infancia;
los que anhelaron siempre el arco iris
de la paz posterior a las tormentas.

Dichosos los que buscan y no encuentran
un corazón ingente y esponjoso
para albergar su soledad más triste;
los que sufren a causa de tu nombre
por predicar el don de tu Palabra;
Dichosos los que saben perdonar
y olvidar los agravios recibidos;
Dichosos los que llevan por la vida
un blanco corazón como el armiño.
Dichosos los que siembran y no esperan
recoger su cosecha en esta vida,
porque Tú solamente puedes darle
ese ciento por uno prometido.

ENSÉÑAME A PERDONAR

Si yo no perdonara al enemigo
y no pusiera amor en toda apuesta,
no podría tampoco dar respuesta
al hombre fraternal que va conmigo.

Si pretendo, Señor, vivir contigo,
debo habitar también esa floresta
de tu misericordia, pues en ésta
pretendo que me tengas por amigo.

Dichoso el que perdona los agravios
si brota compasivo de sus labios
el perdón de la culpa sin medida.

Dichoso el que después tiende su mano
para firmar la paz con el hermano
en torno a la amistad comprometida.

“Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios”

Mt. 5, 8

RENUEVA TÚ MI CORAZÓN AJADO

Dame, Señor, un corazón erguido
en el crisol de la filantropía,
la rosa más fragante, la alegría
para plantarla en tu jardín florido.

Limpia ha de estar mi casa, decidido
el traje que me vista cada día
para tejer caminos de armonía
desde esta soledad hasta tu egido.

¿Podrá encontrar regazo mi conciencia
ante el llanto que alivie tu consuelo
desde el alto balcón de tu presencia?

Quiero secar, mi Dios, en tu pañuelo
las lágrimas de toda mi experiencia
en este caminar por este suelo.

NOS EXAMINARÁS DE AMOR

Cuando llegue el final de itinerario,
después de nuestra humana singladura,
el corazón- fanal de sentimientos-
tendrá la sed de amor en tu presencia.

Será preciso entonces, cuanto antes,
romper las celosías que retienen
las alas para el vuelo deseado
a la región más alta, la morada
donde tienden los ángeles su vuelo.

Pero será preciso, y sin demora,
superar el examen más difícil
que al final del camino nos espera.

Después no habrá más llanto, más dolores,
sino la plenitud, ahora inefable.
Saciaremos la sed en manantiales
de tus límpidas aguas. No tendremos
barreras ni distancias insalvables
para llegar, ligeros de equipaje
al reino que nos tienes prometido.

El alma será plena en tus regiones
vestida con dalmática de asombro
con una luz radiante, embriagadora.

“La Semana Santa significa salir de nosotros mismos para ir a la periferia al encuentro de los más alejados, los olvidados y quienes necesitan comprensión, consuelo y ayuda”.

Francisco, Papa.

IV.- TU CRUZ DE REDENCIÓN

“Jesús es nuestro abogado defensor”

El Papa Francisco.

MI CRUZ DE CADA DÍA

Si aceptaste, Señor, tanto suplicio
para salvar al hombre del pecado,
¿no he de abrazar mi cruz de cada día
siendo ésta de peso tan liviano?

Si tu muerte de Cruz en el madero
fue el juicio más injusto e inhumano,
¿no he de aceptar mi cruz de cada día
y salir al encuentro del hermano?

Con tres clavos estás en el madero
y así lección nos das al aceptarlo,
sin Ti sería noche muy oscura
desde el alba inicial hasta el ocaso.

Por eso debo hacer de cada día
mi ofrenda del amor en cualquier lado
para tener mi casa preparada
cuando deba entregar este legado.

Y al final del sendero en esta orilla
será feliz el alma si he aprobado
el examen de amor que nos espera
al final de este incierto itinerario.

EL MANANTIAL FELIZ DE TU COSTADO

I

Abrazaste un suplicio sin medida
y el amor te condujo hasta El Calvario,
mas seguimos rasgando tu ideario
con los clavos profundos de otra herida.

Si tu Cruz ilumina nuestra vida
desde el nuevo jazmín de aquel sudario,
por qué seguimos todo lo contrario
de espaldas a tu luz amanecida.

Qué voy a hacer, Señor, con este llanto,
con este desgarrón, este quebranto
si te cierro las puertas con mi olvido.

Qué puedo hacer, mi Dios, con esta pena
en esta densa noche nazarena
si te busco en mi niebla y te me has ido.

II

Abriste un horizonte hacia otra aurora
sufriendo Tú primero, cruentamente,
mas no consigo hallar la viva fuente
para esta sed de Ti que me devora.

Si tu gracia divina siempre aflora
desde tu Corazón omnipresente,
nuestra arcilla mortal y delincuente
no comprende tu ofrenda redentora.

Si tus llagas preludian alboradas
y tu muerte redime mi delito,
haz que lleve mis manos entregadas

y pueda caminar de hito en hito,
por tus sendas de amor tan olvidadas.
Hoy te adoro en la Cruz, te necesito.

III

Si pudiera, Jesús, si yo pudiera
arrancarte esos clavos oxidados,
lavaría en tu fuente mis pecados
a fin de que tu cuerpo no sufriera.

Esa aguda lanzada tan certera
que infringimos, Señor, por tantos lados,
necesita tu lluvia en mis sembrados
para hacerme vergel de primavera.

Quiero ser en la flor de tu corola
una gota entrañable de rocío,
arribar en tu mar, ser caracola

o juncal en el cauce de tu río;
ser lágrima y verdad, humilde ola
en los duros rigores del estío.

TU MUERTE NOS DIO LA VIDA

Tu muerte fue preludio de alborada,
Dios te resucitó de entre los muertos
y el gozo de la Vida es alborozo
para vencer las sombras, alma adentro.

Y tus manos, alondras traspasadas,
nos dan el regocijo, privilegio
para vencer la muerte para siempre,
porque nos mereciste en alto precio
esa resurrección tan anhelada
en la paz inmortal de tus senderos.

Después de un Viernes Santo de agonía,
después de un Viernes Santo de tormentos
viene tu gloria santa entre aleluyas
como una bendición a cielo abierto
en campanas de gozo destrenzadas
por tu Resurrección, tal vez el hecho
más trascendente para el cristianismo
que tiene en Dios su Salvador excelso.

Mi alma se gloría en tu victoria,
se colma de alegría mi intelecto
y bendice tu nombre sacrosanto
con esta savia humilde de mis versos
que tienen hoy un júbilo eminente
para todas sus sílabas y acentos,
para toda su rima derramada
perfumada en aroma del incienso
que respiro en el aire de este día
primaveral, y júbilo de un tiempo
que colma el corazón y los sentidos
con el amor de tu divino aliento.

“Vivimos en la globalización de la indiferencia”

El Papa Francisco

CÓMO PODRÉ, SEÑOR, AGRADECÉRTELO

Qué puedo darte yo, Jesús divino,
si nada soy sin Ti, si nada tengo
para ofrecerte hoy desde mis manos,
por esta salvación, alto misterio
que proclaman los cielos y la tierra
después de celebrar feliz encuentro
con la Madre apenada que ha sufrido
como Corredentora el alto precio.

Pero sé que me pides solamente
mi manantial para el amor fraterno
por todos los que sufren cada día
la miseria, la muerte, el desenfreno
de las guerras, el hambre, la hipotermia
en los mares oscuros y siniestros,
sin un faro de luz que los alumbre
hacia una vida digna con los besos
y caricias de manos que los cuiden
y les den la amistad, los sentimientos
que curen sus heridas arraigadas
en sus almas febriles y en su cuerpos.

Ser solidario es abrir las manos
y abrazar al que sufre en sus cimientos
la soledad más honda, el abandono
y una vida tallada en el desprecio.

Ser solidario es abrir el alma
y darte a los demás, basta con esto.

“La paz sea con vosotros”

Mc. 16, 14

ESA PAZ QUE NOS DISTE, PASTOR BUENO,
lleva la esencia del vivir dichoso
y empieza por la paz consigo mismo,
dentro de la familia, con tu barrio,
con tu parroquia, tu ciudad, los pueblos,
las naciones del mundo, uniendo todos
en una misma voz las voluntades,
con manos fraternales siempre unidas
para jugar al corro de la vida
sin odios ni venganzas, conjugando
los sustantivos y también los verbos,
los adjetivos plenos de arco iris,
preposiciones para unir las manos
en un común afán para que brote
esa fraternidad de un mundo nuevo.

La Paz que Tú nos diste no es tan sólo
la ausencia de cañones y misiles,
de guerras y trincheras entre bombas,
sino también aquella necesaria
que pide la justicia y el perdón
como nos lo demanda el Padrenuestro.

Puede no haber ni bombas ni fusiles
y no existir la paz, si el egoísmo
preside nuestra vida cotidiana
y la soberbia invade el pensamiento.

Dame, Jesús, la paz que necesito
trabajando en tu viña, jornalero
para alcanzar los frutos necesarios
de la fraternidad, cimiento vivo,
que quiero trabajar con entusiasmo.

COMO GRANO QUE MUERE POR SER FRUTO

Oh plenitud de sueños ideales
que el hombre nunca hubiera imaginado:
Cristo en humano fruto sazonado
sobre nuestros humanos corporales.

Entrega sin medida. Qué caudales
infinitos de amor sacramentado,
pan y vino, ya en Dios transustanciado
en las manos de luz sacerdotales.

Gracias, Señor, porque me has dado todo
en paternal milagro, y de este modo
me llevas de tu mano por la vida

hacia una luminosa madrugada,
con tu Misericordia derramada
como rosa en el campo renacida.

“Recibid el Espíritu Santo…”

Lc. 24, 36-45

V.- LA PLENITUD DEL ESPÍRITU SANTO

TU GLORIOSA ASCENSIÓN

Cumplida tu misión entre los hombres
en periplo de amor extraordinario,
regresas nuevamente junto al Padre
sublime Trinidad que ha desplegado
la salvación del hombre, redimido
por la Pasión de Dios hospitalario.

Y liberado de la muerte eterna,
puedo esperar por el misterio Santo
ser semejante a Ti, si te recibo
en comunión contigo en el Sagrario.

Has partido hacia el Padre en ancho vuelo
pero jamás nos has abandonado:
pues te has quedado siempre con nosotros
bajo este pan y vino consagrados,
que son tu Cuerpo y Sangre juntamente
y no puede existir mejor regalo
ni más excelsitud para las almas
que el celestial convite celebrado.

Gracias, Señor, porque me has dado todo
sin merecer yo nada en este hallazgo,
que el mérito es divino solamente,
aunque los hombres puedan disfrutarlo.

Voy a comer tu pan, tu cáliz bebo
y me fundo contigo en un abrazo.

CÁLIZ DE LUZ, HOGAZA DE LA VIDA,
el Corazón de Cristo nos reclama,
con qué solicitud al hombre llama
desde el fuego inefable de su herida.

Al excelso banquete nos convida
con entrañable voz. ¡Cristo nos ama!
y su real presencia ya proclama
la endósmosis de amor establecida,

Ansioso está mi corazón humano
y por tu senda del perdón confía
a la luz de mi fe llegar temprano

a recibir la excelsa Eucaristía.
Hoy te percibo mucho más cercano,
gracias, Jesús, por esta cercanía.

LA FUERZA DEL ESPÍRITU

Antes de tu ascensión nos regalaste
la presencia divina del Paráclito
para darnos sus dones celestiales
del Espíritu en Dios glorificado
para que esté presente en esta iglesia
y confirme el amor de su legado.

Regálame la fuerza del Espíritu
para vivir los dones necesarios:
sabiduría, don de entendimiento,
la piedad, el consejo sacrosanto
y ese temor de Dios que es el respeto
al amor que nos tiene confiado.

Qué siete dones tan maravillosos
y qué fuerza el Espíritu engendrado
procedente del Padre con el Hijo
que en el amor se funde Soberano:
la Trinidad de Dios eternamente
en sublime misterio derramado.

Confírmame en la fuerza del Espíritu,
por si extravío el rumbo de mis pasos,
que quiero recrearme en tu presencia
y vivimos un mundo despiadado
distraídos en cosas de los hombres
y olvidando la luz de tu reinado.

Si la fe sin amor no es verdadera,
dale aliento a las jarcias de mi barco
para adentrarme de una vez por todas
en el mar infinito tan soñado.

TU YANTAR NOS DESVELA LAS RAZONES
de la dicha tallada en tu belleza,
la gloria anticipada, la pureza
de tus hondos y ricos cangilones.

Impulsa los humanos corazones
hacia tu sacrosanta sutileza,
que el alma enajenada en tu grandeza
contemple la Verdad en tus balcones.

Qué cima misteriosa tu legado
de Espíritu de Amor ya contemplado
en tu excelsa y frutal filantropía.

Tu misterio de amor nos sobrepasa
y tu excelsa presencia ya acompasa
los acordes de viva eucaristía.

ESPÍRITU DE AMOR (Himno al Espíritu Santo)

Espíritu de amor que llevas en tu vuelo
ese divino amor que inunda nuestras almas,
Consolador Paráclito de vivos resplandores
donde reside Dios en celestial morada
que viene hasta la Tierra a repartir los dones
en esa bendición de luz multiplicada,
donde esplende la gracia y es la Sabiduría
entendimiento y luz, desde la voz más alta.

Espíritu de amor entre las multitudes
para abrevar la sed de nuestra arcilla humana
con los dones divinos que el alma necesita
como la sed requiere el agua pura y clara
sintiendo los efluvios de las altas esferas,
para escalar la dicha de inefables moradas.

Ahora tu melodía es un feliz susurro,
un concierto apacible, purísima la llama
que enciende la alegría de tu real presencia,
que cauteriza, suave, las heridas humanas,
esas que nos infringe un mundo desnortado,
el simún de un desierto que carece del agua,
la que nunca se extingue, porque es fuente perenne,
ingrávida alegría por las cimas más altas.

Espíritu de Dios, viviente Teofanía
primavera de flores, los frutos de un mañana
cuando llega el verano que siempre da los frutos
sin pedirnos a cambio sólo amor en guirnaldas
en los campos de un tiempo de dolientes cardenchas
que duelen a deshora y mustian la esperanza.

Pero tus hontanares son flores de tu albura
la piedad hecha lumbre, la piedad hecha calma
consuelo, regocijo, fraternal compañía
que jamás nos olvida, que jamás nos defrauda,
porque lleva en su vuelo la eminente caricia
como verso apacible de feliz pentagrama.

Llega pronto hasta el hombre que precisa la altura,
despegar de este barro que nos duele y nos mancha
cuando vamos sin rumbo por caminos errados
y la luz oscurece si no alumbra esa blanca
e interior lucecilla que nos habla amorosa,
porque quiere llevarnos de su mano hasta el alba
de un nuevo amanecer entre diáfanos soles
que iluminen, ya siempre, una nueva alborada.

Espíritu de amor, inúndanos temprano
de celestial consuelo, de tu divina savia
a fin de que vayamos ungidos por la vida
con tu Verdad tan honda, con tu Verdad amada
llenando nuestros cántaros de luz y de armonía
colmando de alegría y de paz nuestras ánforas
hasta que llegue el tiempo de unirnos para siempre
en tu reino de gloria, en tu reino gracia.

SEÑOR, QUIERO SER POBRE

Pobre seré y pobre mientras viva,
porque si estoy contigo nada quiero
sino encontrarte al fin de este sendero
con el alma sencilla y compasiva.

Igual que inmarchitable siempreviva
será este galardón que de Ti espero,
el único en verdad, el más certero
para esta soledad honda y cautiva.

Los hijos de las sombras enconadas
llevan en su mochila frutos vanos
y restos de sonrisas deshojadas.

Los hijos de la luz llevan sus manos
repletas de cosechas bien granadas
para entregar los frutos más cercanos.

Si al nacer sólo venimos con el don de la vida,
al partir sólo seré feliz voy contigo.