VIII Certamen de creadores por la libertad y la paz

Lema: “Sin muros ni violencia”

I.- EL RESPETO A LA VIDA

1
La vida es esa luz maravillosa
que la persona lleva bien grabada
en su humano latir y que amanece
al venir a este mundo, como el alba
que ilumina el planeta cada día
cuando el sol recupera la alborada.

Para el creyente Dios será su dueño
y nosotros queremos conservarla,
porque es, sin duda, el don de más valía,
y a lo largo del tiempo es flor sagrada
que ha de entregar los frutos generosos
en este discurrir por la besana
que nos marca el Destino, la existencia,
como una bendición multiplicada.

Como el árbol venimos a esta orilla
en un amanecer que nos abraza
y hemos de dar los frutos abundantes
los mismos que el amor siempre demanda:
la ternura, el abrazo solidario
flor y fruto, semilla, nueva savia
por esta singladura que es la vida
hacia una eternidad siempre anhelada.

2
Y Dios nos hizo libres, responsables
de nuestros actos, condición humana
para guiar los pasos, nuestras huellas
que quedarán como imborrables marcas
por las sendas que vamos recorriendo:
cotidiano vivir con sus etapas.

Y habrá luces y sombras, que el camino
tiene rosas y espinas en sus hazas
alegrías y penas compartidas
con errores y aciertos, cruz y cara
de una misma moneda en nuestras manos
que tenemos, al fin, que administrarla.

“No hay caminos para la paz, la paz es el camino”
Gandhi.

II.- EL DON DE LA PAZ

3
La paz entre los hombres es caricia
en la luz primigenia enraizada
como una flor perenne que perfuma
los caminos abiertos al mañana.
Es fuente de alegría y de progreso,
centro de plenitud y de esperanza,
de amor y comprensión, templo sagrado
que a todos nos acoge en las más altas
y solemnes estelas luminosas
para escribir hermanos pentagramas
de aquellas melodía que soñamos
en los pliegues más íntimos del alma.

4
Cuando la paz se troncha como un lirio
sufre la libertad amurallada,
enmudecen los pájaros cantores,
llora su soledad una guitarra
y el dolor entreteje su amargura
como una maldición envenenada.

Y van las novias con su pena al hombro
y sollozan las madres enlutadas
y los niños no juegan en los parques
con globos de colores como ascuas
del corazón y sus alrededores
que tiene su alegría alicortada.

Si se rompe la paz, llora el poeta
con versos que tristean consonancia
y es la palabra pájaro aterido
sin alas ni horizonte en la ventana
de espaldas a la luz que han mancillado
los sicarios del mal, las alimañas
que siembran el terror con las pistolas,
y el cobarde estallido de las armas.

Cuando la paz se troncha tanto tiempo
a causa de la ingrata intolerancia,
hay un dolor petrificado siempre
cual fúnebre tañido de campanas.

III.- LA VERDADERA PAZ NOS HARÁ LIBRES

5
No habrá auténtica paz, aunque no existan
las bombas ni la sangre derramada,
porque la libertad está en la UVI
si surgen los insultos como el hacha
que no pide perdón a tantas víctimas
ni entrega el maleficio de las armas
ni se acepta la voz de la justicia,
y se busca la injuria y la amenaza
como moneda sucia ensombrecida
desde el oscuro fondo de la náusea.

La fuerza es la razón y no al contrario:
reconocer el odio, la asechanza
y el dolor infringido tantos años
con la violencia cruel más despiadada;
y aceptar la justicia de la pena
impuesta por la ley que es soberana.

No existirán la paz ni libertades
ni brillará jamás la democracia,
mientras no condenéis vuestras acciones
e idolatréis a aquellas alimañas
que segaron la vida de inocentes
con el terror y vuestra carcajadas.

6
¿En nombre de qué dios bárbaros crímenes,
en nombre de qué credo esta riada
de sangre fervorosa que latía
ignorando el terror de vuestras alas
manchadas con la sangre y extorsiones
desde la atrocidad más inhumana?

¿Quién os llevó hasta el pretil del odio,
quién os sembró la noche en las entrañas
y quién os dio poder para esos crímenes
sin un solo motivo? Sois la lacra
que vais dejando ortigas y cardenchas
en vuestro caminar, amargas lágrimas
de todas vuestras víctimas que añoran
a sus seres queridos, pues amaban
la dicha del hogar y la familia
y perdieron su amor por vuestra causa.

Vuestro traje de sórdida violencia
es nuestra pesadilla desolada.

IV.- AMADA LIBERTAD Y PAZ PRECLARAS

7

Amada libertad, sueño sagrado
como esa potestad que tiene el viento
para llevar el rumbo de su aliento
sin trabas, zancadillas ni dictado.

Eres como jilguero enamorado
que entona su canción con sentimiento
sin miedo al cazador que en un momento
puedo quebrar su trino alborozado.

Qué hermoso transitar por un camino
sembrado de amistad en la conciencia
que comparte en la mesa el pan y el vino,

y en la ruta feliz de la existencia
va escribiendo en el libro del Destino,
el amor, la verdad, la convivencia.

8

Yo le canto a la paz con verso humano,
fuente de libertad y de alegría
que siembra con esmero cada día
en los surcos del hombre, del hermano

una semilla del amor cercano
que es la llave de toda la armonía,
de la verdad y la filantropía
que florece en la vida muy temprano.

Si vamos como estatuas sin mirada
con el alma vacía, desnortada,
y el corazón ausente de emociones,

seremos como estatuas sin aliento,
materia sin amor ni sentimiento,
triste noria de secos cangilones.

Vosotros, los que nunca habéis respetado la vida de los demás vulnerando los derechos fundamentales de las personas contra todas las formas de la justicia y el derecho, sólo merecéis la unánime condena de todas las personas de bien.

9

Los que lleváis el mal como equipaje
y el corazón de tigre enfurecido,
vais dejando un sendero dolorido,
como muestra de un pérfido oleaje

que tiene como meta el más salvaje
campo de soledumbre corrompido
y el diapasón de la verdad herido
con toda la crueldad en vuestro viaje.

Los hijos de la luz llevan consigo
las cosechas de espigas bien granadas
para entregar, con gozo, hermano trigo.

Los hijos de las sombras enconadas
solo sembráis dolor, el enemigo
de las rosas marchitas, deshojadas.

10

Hay que ponerle al corazón bandera
blanca de la amistad comprometida
para aliviar el llanto de la herida
con una permanente sementera

de libertad que sea la primera
premisa de la paz alta y erguida
en el altar de fiel amanecida
como alondra de luz en primavera,

porque la vida es todo, y se merece
la savia del amor que siempre mece
la esperanza y la flor de la ternura

que ilumine la luz del pensamiento
y le cante al fraterno sentimiento
pentagramas de noble partitura.

El terror no sólo se produce con el malvado empleo de las pistolas o las bombas- lapa. También se ejerce jaleando a los miembros más sanguinarios cuando salen de las cárceles; cuando se humilla y se desprecia a tantas víctimas; cuando se quiere cambiar el sentido de la historia para erigiros en cínicos dioses de vosotros mismos.

11

Un país se construye, se levanta
uniendo voluntades y justicia,
sin ventajas, abusos ni avaricia,
sino con la virtud que alegre canta.

Es como el árbol nuevo que se planta
en una tierra noble que propicia
los frutos de la entrega, y acaricia
un himno floreciente en la garganta.

Pero siempre se rompe si la ira
a espaldas de la luz trama y conspira
para tronchar la paz tan necesaria.

porque el terror es cruel como tornado
que impone su dolor en el costado
desde la sombra astuta e incendiaria.

12

Hemos de trabajar con mucho brío
por defender la paz edificante,
para hacerla de ahora en adelante
paladín de la luz y el albedrío

basado en la razón, plácido río
con el agua tranquila y anhelante
que nos riegue la vida palpitante
sin miedo al predador astuto y frío.

Y brillará la paz solemne y pura
con toda su fragancia, su ventura
donde tiene la luz sus credenciales,

para que el sol nos dore la esperanza
de una vez para siempre, la bonanza
desde todos los puntos cardinales.